lunes, 4 de agosto de 2008

De eso no se habla: los tabúes modernos


Freud decía que quien destruye un tabú está condenado a convertirse en tabú. Yo diría que quien los destruye, está condenado a inventar nuevos tabúes. Lo vemos en nuestra sociedad que se ufana de ser la más liberal, la más tolerante de todas las épocas, pero que vive de eufemismos, aterrorizada ante la posibilidad de ofender sensibilidades y de quebrantar “los nuevos tabúes”.

“Tabú” es una palabra de origen micronesio que significa “sagrado”. Nos gusta creer que lo sagrado no existe, que ese concepto sirve nada más que para limitar actividades naturales, que ya en si son sagradas, puesto que todo lo que hace, emite o expulsa el cuerpo humano es bueno. No sé a quien se le ocurrió tal disparate, pero gracias a eso es que vivimos en un mundo desacralizado donde lo privado no existe, donde lo íntimo se vuelve público, y donde lo personal se vuelve colectivo. Pero aun en esta pasión iconoclasta por destruir lo sagrado, aparece lo malo, lo prohibido, lo tabú.

Donde primero se manifiesta es en el lenguaje que se exagera y deforma en un afán eufemístico de suavizar terminologías que puedan sonar como irrespetuosas en ciertos oídos. Es por eso que se necesitan de diccionarios de corrección política que nos enseñen a tener cuidado con vocablos aparentemente inofensivos, refiéranse estos a colores, partes del cuerpo incluso a términos que dividan a las personas por su fisiología o sexo. Al parecer, la agenda social contempla un futuro perfecto en el cual existirá un único género, y donde “sexo” será simplemente la definición de una actividad recreativa.

Estas reticencias sirven para proteger el tabú, las palabras que no deben pronunciarse. Más allá de vocabulario, existe una necesidad de nuestros Big Brothers mediáticos, herederos de los Grandes Inquisidores, por vigilar nuestra manera de expresarnos y por tergiversar el sentido de las frases. Así el asesinato masivo de focas es “genocidio”; el romance de un chico de veinte con una de 17 se denomina “pedofilia”; el que Obama no convierta el bienestar de los afro-americanos en la prioridad de su agenda electoral es “racismo”, y el que Thalía declare que no le gustaría tener un amante bisexual es considerado “homofobia”. Más allá de un eufemismo, esta tergiversación y omnipresente vigilancia, huele a mala leche y a ignorancia del idioma castellano. Pero vaya, que ser muy erudito también hoy en día es tabú.

El hombre moderno se ríe del antiguo que se enfrentaba a cien tabúes al momento de escoger pareja. Hoy en día, entran otros tabúes en juego. En Usa se ha establecido, al menos en una veintena de estados, que casarse con un primo hermano es tabú. Curioso, porque en el Medio Oriente, la mitad de los matrimonios es entre primos hermanos, y tal ley no existe en ningún otro país del mundo. También se ha vuelto un tabú social amar a alguien que le lleve más o menos de cinco años a su pareja. El famoso romance “Mayo-diciembre” es ahora un tema tabú, tanto así que en las reseñas de las novelas rosa de Amazon, se apresuran en advertir cuando un argumento incluye tamaña aberración para no ofender a los lectores.

También se hace mucha befa de las leyes religiosas que impiden consumir ciertos alimentos, pero en nuestra sociedad se repudia el ingerir grasas saturadas y hay un énfasis en la alimentación sana que a veces no lo es tanto.

Hace cincuenta años hablar de sexo era tabú. Hoy es obligación hacerlo, principalmente con los niños. Estos saben, aun antes de entrar al colegio, que tienen una amplia gama de juegos sexuales a su disposición, siempre y cuando no los practiquen con mayores de edad. Que pueden ya de adultos ser promiscuos o monógamos, y esto ultimo puede ser con parejas de su sexo o del propio. Resulta curioso que se pueda saturar las mentes jóvenes de una cantidad ilimitada de información sexual, pero no se les puede hablar a los niños de D-s o de valores morales “ya que eso lo aprenderán cuando sean adultos”.

Donde es mas evidente el imperio del tabú es en el material de esparcimiento puesto que ahora, en una era sin censuras, hay muchos temas “de lo que no se puede hablar”.

Hace unos años, Steven Spielbeg quiso hacer un remake de “Cast a Giant Shadow” la historia de Mickey Marcus, el coronel americano muerto durante la guerra de Independencia Israelí (y ya sé que ese término también es tabú, pero malas huevas, no conozco otro). El proyecto murió cuando se le dijo al Todopoderoso de Hollywood que tal filme ofendería las sensibilidades de muchos espectadores.

Hace como cuatro años que Sylvester Stallone anda barajando un proyecto de hacer una bio-épica sobre la vida de Edgard Allan Poe. Hasta ahora no se ha hecho. ¿Será porque resulte difícil explicar que el gran poeta se casó con su prima hermana de sólo 13 años?

Incluso la telenovela crea nuevos temas tabúes. En Cuidado con el ángel, inspirada en Una muchacha llamada Milagros de Delia Fiallo, han tenido que cambiar el argumento puesto que un héroe-violador seria inaceptable para una audiencia contemporánea.

Lo gracioso es que en los 60’s, Kirk Douglas pudo estelarizar la versión original de Cast A Giant Shadow, cuya versión novelada había sido un best seller; Una muchacha llamada Milagros fue aplaudida en 1975; y este mes Cine Canal Classics presenta una bio-épica sobre Edgard Allan Poe hecha en los 40’s, bastante errada en lo que respecta a la vida del escritor, pero que no se impone un tabú al momento de describir el romance con la prima adolescente.
¿Hemos avanzado algo desde esas épocas? No lo creo. Lo que si es evidente es que destruir tabúes sólo invita a construir nuevos. El ser humano necesita de prohibiciones aunque sean estas ilógicas.

2 comentarios:

patricio garrett dijo...

admito que para mi es tabu hablar de sexo, pero lo admito, ahora, muchas personas encuentran tabu la mayoria de los temas, lo peor es que siendo escritores nos coloquemos de esa forma o a ver, que lo que consideramos tabu, no lo escribimos y lo bloqueamos o en el peor de los casos que nos digan: no, no escribas de eso, al final lo tabu es lo prohibido y lo prohibido no se toca no mas y punto. Tabu, censura, prohibido.

Violante Cabral dijo...

Tabu significa sagrado. Si no hay nada sagrado en tu vida entonces no hay tabues, pero eso es una falacia. Puesto que cada vez que destruimos tabues nos sentimos obigados a crear nuevos. Yo admito que tengo el tabú de hablar de sexo, es una presencia importante en mi vida, porque todo lo que veo y oigo tiene que ver con sexo, pero ademas porque creci y me formé en una sociedad que estaba ya en campaña en contra de la censura. ¿creo que soy mejor persona por hablar de sexo? No, para nada