viernes, 1 de agosto de 2008

El amor ni está de moda ni es requisito para casarse



Hace trescientos años, el 95% de los casamientos eran arreglados, y al menos uno de los conyugues era menor de edad (incluso impúber). El amor era cosa de grandes, por lo que poco tenía que ver en el matrimonio. Aun así, todos se casaban: ricos y pobres, viejos y jóvenes, gordos y flacos, feos y bonitos. Hasta los homosexuales entraban en uniones heterosexuales.

Nuestra sensibilidad moderna nos quiere hacer creer que eso era nefasto y que esos matrimonios eran muy desdichados. ¿Será posible? A juzgar por los anales históricos la mayoría de esas uniones eran dichosas y duraderas, mucho más que las de ahora. Si no fuera así, los enlaces arreglados no hubiesen sido la norma por dos milenios. El ser humano es un animal cómodo, lo que fastidia se destierra.

Sin embargo, hace como doscientos años, nació la idea de que era mejor casarse por amor. La gente comenzó a ver el amor como un ingrediente indispensable para el matrimonio.

Los matrimonios arreglados ya pertenecen al pasado, pero la situación no ha mejorado con su destierro. El matrimonio ya no es una ilusión o un objetivo vital, sólo es importante para los homosexuales, lo que ya es gran ironía. Los pocos que se casan tienen la certeza, aun antes de llegar al altar, de que esa unión no durará mucho, y que si algo parecido al amor entra en juego no es señal de que el matrimonio será feliz.

El tan cacareado matrimonio por amor con el que soñaban nuestras tatarabuelas es hoy un concepto retrogrado y agonizante. La gente se casa más por lucir un vestido y hacer una fiesta que por formar una familia. Hay que ver los trajes de novia, con esas faldas aparatosas y esos tops tan minúsculos que en mi época no hubiesen sido permitidos ni en iglesia ni en sinagoga. O los circos en que se han convertido las bodas con los novios llegando al altar vía paracaídas o dando el “si” en piscinas, disfrazados de hombres ranas.

El amor en el presente es un mero eufemismo para encubrir una atracción física bastante efímera, porque aun el sexo está pasando de moda. Tanto así que el acto debe ser estimulado con practicas aberrantes y uso de artefactos endiablados.

El sexo que fue, en otras eras, vía de reproducción y manera de expresar afecto, se ha vuelto una necesidad engorrosa, y un vehiculo para atraer la atención o adquirir fama. En cuanto al amor, ciertamente el hombre y mujer modernos pueden prescindir de ese sentimiento. Por lo tanto, los antiguos no estaban tan errados al pensar que el amor no era necesario para crear una familia, vivir en armonía en pareja, ser miembros respetables de una sociedad y dejar un legado tras de si.