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miércoles, 10 de noviembre de 2010

La niña-madre de Jerez o como el sexo se vuelve un juego infantil

Mucho alboroto ha causado la niñita rumana de 10 años que fue a parir a Andalucía. El caso se ha vuelto todo un fenómeno mediático "Estremeció al mundo" decía un encabezado al respecto. ¿Me van a hacer creer que no sabían que el sexo prematuro en el primero, el segundo y el tercer mundo es una realidad que da frutos a cada rato? Un asunto tan banal ayuda a descubrir varias retorceduras de nuestra gran y alabada sociedad occidental en lo que respecta a la protección de la infancia.

No es un caso tan único. Niñas de esa edad, e incluso menores, han tenido hijos. En el Libro Guinness, está el caso de una niña peruana de ocho años que fue madre. Lo diferente ahora es que Elena no se preñó vía violación como otras madres infantiles. Fabricó a Nicoletta con la ayuda de su primito de trece años, con el cual comenzó a vivir en pareja cuando Elena tenía solo nueve años. El sexo es un nuevo juego de niños.



Porque incluso si la chica tiene 13 o 15 años como dicen sus vecinos rumanos (y la sola discrepancia sobre su edad ya arroja dudas sobre ésta), el hecho es que lo engendró con un pendex. De madre-niña pasó a ser pervertidora de menores. Tanto la familia de Elena, como sus vecinos gitanos, aducen que las madres jóvenes son comunes en esa etnia, por lo que esto seria nada más que una costumbre cultural

Sin embargo, esta anécdota ha hecho que la sociedad caga en cuenta que otras niñas, que no tienen la excusa de ser gitanas, ya no juegan con muñecas, sino con los cuerpos de sus compañeritos. Mientras algunos países elevan la edad de consentimiento, a sus espaldas los críos están iniciando su vida sexual entre los diez y los doce años. Tanto así que los pragmáticos suizos han inventado un condón para niños. Esa creatividad comercial suiza es enternecedora.

Las razones, dependiendo de la ideología, edad y sexo de quien las exprese, van desde “es la naturaleza”; “son las hormonas” o “Están comenzando más temprano porque la regla les llega más temprano”. Los más conservadores culpan este desenfreno en la educación sexual o las escuelas mixtas. Los mas realistas hablan de la influencia mediática.


El cuento de la naturaleza es una falacia ignorante. El humano es el único animal cuya sexualidad desafía a la naturaleza, puesto que no tiene ciclos de celo, y no copula para procrear solamente. El cuento de las hormonas es añejo y no tiene base científica ya que los médicos han descubierto que no hay un alboroto hormonal a una edad tan temprana, aun cuand la la regla haya sido precoz.

Hay una gran diferencia entre la curiosidad sexual, que se puede dar inclusive antes de la pubertad, y un verdadero despertar de la libido. Lamentablemente, muchos niños confunden lo primero con lo segundo gracias a una sociedad que los “educa” a través de imágenes eróticas en los medios.

No creo que la educación mixta sea realmente un factor determinante. Basta ver a las alumnas de ciertos liceos de niñas de Valparaíso que gustan “explorar su sexualidad” en la vía publica, manoseándose unas a otras. En cuanto a la educación sexual, la idea y los propósitos tras ésta son buenos, el problema radica en el currículo. Está muy bien enseñarle a los pres púberes (de 8 años para arriba) como están hechos sus cuerpos y como los hicieron sus padres, pero otra cosa es incitarlos a dar rienda suelta su derecho a la libertad sexual.


Aparte de la influencia de una sociedad erotizada y una educación sexual irresponsable, existen otros factores para estos nuevos “juegos infantiles”: hogares mal constituidos, presión del grupo social, glorificación de la sexualidad y el más importante, la baja autoestima.

La falta de un entorno familiar firme y seguro empuja los niños a refugiarse en un grupo social donde se ve obligado a compartir todas las actividades en común incluyendo el sexo. En una sociedad donde el apetito sexual es glorificado como atributo de “triunfadores”, ya desde pequeños los niños saben que el sexo los vuelve importantes, mejores, les atrae más atención, les otorga una identidad.

Esto no es nuevo. Yo lo viví en los 70’ en medio de la revolución sexual gringa, en una escuela inmensamente permisiva y con compañeros que me tildaban de “freak” por ser todavía virgen a los 16 años. Finalmente, mis padres hartos de gastar dinero en un colegio donde solo se me enseñaba a fumar marihuana, a mentirles a ellos, y a intentar hacerlos abuelos a destiempo, me metieron en una escuela judía.

Voy a ser absolutamente honesta. En la escuela judía también había chicas sexualmente activas, adolescentes que abortaban y locas que se drogaban en el baño, pero no eran la norma y nadie las admiraba. Rabinos y profesoras nos informaban al expulsar a alguna de esas: “¡Pobre Fulana, se nota que en su casa no le prestan la atención!”; “Zutana, sabe que nunca va a ir a la universidad por eso necesita sentirse importante”; “Merengana se cree fea, por eso anda moviéndole la cola a los chicos”. Así asociábamos el sexo temprano y fuera del matrimonio, con las feas, con las miserables, con las “losers” y nosotras no queríamos ser eso. Puede parecer increíble, pero funcionaba.

Ahora en cambio se estimula  los niños y adolescentes para que se vuelvan seres sexuales porque eso es “bueno”, sin pensar en las consecuencias psíquicas y médicas que trae este desorden. Sé cree resolver todo problema con anticonceptivos que pueden alterar el crecimiento hormonal o con la panacea del aborto que en un cuerpo todavía no desarrollado presenta más riesgos que en el de una adulta.



Volviendo a Elena, una fiscal de Sevilla ha dicho que psíquica y medicamente no está preparada una niña de esa edad para tener un hijo. ¿Entonces por qué no les enseñan eso en las escuelas? La fiscal también ha dicho que  la madre-niña debería tener una infancia. ¿Entonces por qué no se trata de salvaguardar esa infancia en vez de quitarles a la fuerza la inocencia a las criaturas?

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Por qué Dominique Cottrez ofendió nuestra sensibilidad?



Estaba leyendo esta excelente crónica de Juan Manuel de Prada titulado “La Casa de los horrores”, y me encontré cavilando sobre el significado de la palabra "sensibilidad" en nuestro siglo.

Reviso el tesauro y veo que ofrece términos negativos (sensiblería, susceptibilidad) como sinónimos de “sensibilidad”. El Diccionario de la Real Academia la define como “facultad de sentir”, "de dejarse llevar por los sentimientos" y "capacidad de respuesta a muy pequeñas causas”. En suma, no es nada bueno ser sensible, y sin embargo, muchos al leer la noticia de que una enfermera francesa mataba a sus hijos apenas estos nacían, han sentido afectada su sensibilidad. ¿Nos dejamos llevar por una muy pequeña causa tal como lo define la RAE?

Yo también al conocer la noticia de Dominique Cottrez, la asesina de sus propios hijos, caí en la horrorosa “sensiblería”. Hasta me dolió el estomago para luego “desensibilizarme” y volverme objetiva. ¿Por qué nos escandaliza tanto esta noticia y no nos incomoda saber que hay mujeres que abortan varias veces?

Yo conozco una que va por el cuarto aborto. Y no es una ignorante pobretona, madre de familia numerosa, sino una profesional del primer mundo. Por descuido “tuvo” que abortar dos veces en la secundaria. Ahora, en la treintena, y siendo toda una triunfadora por lo tanto muy activa sexualmente, dos veces le ha fallado la píldora. A Dominique Cottrez no le daba la gana ir al ginecólogo a buscar anticonceptivos. A mi conocida no le da tiempo ponerse a probar nuevos métodos para evitar el embarazo. “No tengo tiempo, total ninguno es efectivo”, esa es su respuesta. Conozco uno, pero ni ella ni a la obesa Dominique se les ocurrió ser célibes. Total, matar críos es mucho más fácil, sobre todo cuando es legal.

Lamentablemente, quienes juzguen a Dominique no lo verán así. Serán jueces llenos de sensibilidades falsas que dictan que una mujer puede matar a su hijo dentro de ella, pero no fuera de su vagina. Se indignarán ante la insensibilidad de Dominique que podía sofocar a sus bebitos recen nacidos. No les cabrá en la cabeza que la sensibilidad maternal propia de toda hembra no le impidiese cometer esa serie de infanticidios.

¿Cuántas veces he usado variaciones de la palabra “sensibilidad” en el párrafo anterior”? ¿Y cuántas veces ese término no es más que un eufemismo para una hipocresía culposa? Vivimos en una sociedad que por todos los medios intenta erradicar sensibilidades absurdas, compasiones equivocadas, sentimientos de culpa obsoletos, susceptibilidades prejuiciosas. Todo para reemplazarlo con una sensibilidad estándar.

Recuerdo a una ex jefa que al leer mi novela dijo que ésta “ofendería las sensibilidades modernas” Seguro que sí, puesto que las sensibilidades modernas son tan ilógicas como artificiales. Siempre reguladas por lo que pasa por políticamente correcto.

En Fox News una vez oí a un homosexual decir que era necesario que la sociedad americana se “desensibilizara” ante la presencia de los homosexuales. Casi me caigo de la silla, hasta que me di cuenta que lo que el individuo promulgaba era una actitud relajada ante la presencia de parejas gays, que la gente no tuviera reacciones epidérmicas al ver a dos chicas besándose en publico, que aceptase sus modos de vida como algo tan normal que no ofendía sus sentidos.

Pues ciertamente que el pueblecito donde Dominique pasó sus preñeces y cometió sus crímenes, estaba habitado por gente tan desensibilizada que confundió su panza de preñada con “sobrepeso”. ¡Su mismo marido fue puesto en libertad porque le creyeron cuando dijo que no se dio cuenta de que su mujer estuvo embarazada ocho veces y eso que vivían bajo el mismo techo!

Estoy segura de que Dominique, cuyo comportamiento ofende la sensibilidad de quienes la conocen a través de los medios, será declarada demente, porque esa es la solución fácil para comprender lo incomprensible. A nadie se le ocurrirá ver en ella a un producto desmesurado de su época y entorno social.

Vivimos en una sociedad tan erotizada que es visto, como señal de salud mental tener una vida sexual variada y desenfrenada. Lamentablemente, los promotores de este estilo de vida rara vez previenen que ciertos comportamientos pueden acabar en embarazos no deseados. Tal como dice mi conocida, ningún contraceptivo es cien por cierto infalible.

Las chicas de hoy reciben más información sobre sexo que sobre prevención, tanto de relaciones innecesarias como de anticonceptivos. Lo único que saben es que, aún antes de cumplir la mayoría de edad, son dueñas de sus cuerpos, de sus vidas, y de cualquier forma de vida que crezca dentro de sus cuerpos.

No hay ninguna ley que obligue a una mujer a usar métodos de planificación familiar, si no desea embarazarse. Una ley así olería a estado policía, a infracción de libertades. Heriría la sensibilidad de todos los amantes de la autonomía personal.

¿Entonces qué se supone debía hacer Dominique? Si no quería usar anticonceptivos, y ninguna ley la obligaba a hacerlo y mucho menos a ponerse cinturón de castidad, nadie esperaría que criase ocho hijos, ¿verdad?

Es una pregunta que me gustaría hacerle a los jueces que la van a poner en picota. Porque la única respuesta posible y honesta de ellos sería que lo menos que pudo hacer la asesina fue abortar. Ocho abortos, como todo el mundo sabe, no es lo mismo que matar “insensiblemente” a ocho bebés recién nacidos. ¿O sí?

martes, 13 de julio de 2010

Cambiar de opinión es de sabios: tambalea mi postura ante el aborto.



Debo confesar que siempre creí que el aborto, en determinados casos, era una opción legítima y un derecho de la mujer que debía ser legalizado. Agrego sí, que nunca dudé que, aunque legitimo, se trataba de un asesinato, necesario, pero asesinato. Como son asesinatos necesarios matar en tiempos de guerra y la pena capital.

De joven, en un país, un estado y una ciudad que me permitía abortar gratis, aun siendo menor de edad, aun sin avisar a mis padres, yo creía que una única razón me llevaría a abortar: una violación. Juramos una vez, con mi mejor amiga que si quedáramos en estado debido a una agresión sexual, abortaríamos. Sin decirle a nadie, sin pedir ayuda ni apoyo ni consuelo. Ese sería nuestro “castigo” porque ambas estábamos claras que abortar era un asesinato.

Por suerte, la vida no nos obligó a cumplir tan dramático juramento, pero he conocido mujeres violadas que siguen adelante con sus embarazos y algunas que incluso crían y quieren al producto de ultraje, demostrando que el instinto maternal de las bestias prevalece aun en esa especie sofisticada de animal bípedo llamado humano. Pero de esas mujeres no se habla, porque para promover su agenda, los pro-aborto necesitan escudarse tras algunas excusas “lógicas” como que ninguna violada debe ser obligada a traer al mundo a su criatura.

La excusa mas antigua para el aborto es la salud de la madre. El Talmud dicta que si el feto pone en peligro la vida de la madre, es lícito abortar. Por eso, Rashi, uno de nuestros sabios más grandes, dictaminó que la vida del niño comienza únicamente en el momento de nacer, contradiciendo así lo que decía el Talmud de que el alma entra al cuerpo (y desde entonces ya se puede hablar del feto como ser vivo) a los cuarenta días de gestación. Por otro lado, tanto el Talmud como sus comentaristas posteriores, dictaminaron que provocar un aborto, vía actos de violencia, era equiparable a homicidio. Son esas ambigüedades talmúdicas las que permiten que el aborto sea legal en Israel.

La mayoría de los países civilizados comenzaron permitiendo el aborto con limitaciones. Sólo se podía abortar en los primeros tres meses de embarazo, se permitía el aborto en casos de violación, incesto, defectos congénitos o si peligraba la vida de la madre. Con esa relajación de leyes que impera en nuestra sociedad Occidental, el cuento de la “salud de la madre” se fue expandiendo hasta llegar a incluir “daños sicológicos y emocionales” que el embarazo puede provocar. Una idea aberrante, ejemplarizada por un caso que lei de una estrella del rodeo gringa que estando casada se había embarazado de común acuerdo con su marido. Todo iba bien, hasta que en el séptimo mes descubrió que por razones terapéuticas tendría que dejar de montar, esto le provocó una depresión tal que su ginecólogo recomendó que abortase, algo que hizo con ayuda del infamoso, y ya difunto, Dr. Tiller.

Esto tengo que compararlo con el caso de un chico estupendo, hijo adoptivo de una gran amiga mía. Su madre biológica sufría de paranoia, pero se rehusó a tomar medicamentos que afectasen al feto durante el embarazo. Esta mujer, aun en medio de su enfermedad mental, aun consciente que debería ceder a su hijo en adopción, anteponía la salud del niño a su propia salud.

Lamentablemente, las niñas de hoy saben desde chiquitas que el aborto es un derecho que toda mujer tiene. Tan orgullosas están de ejercer su derecho que lo convierten en una forma de anticonceptivo. Yo tengo una amiga que es abogado y que es bastante descuidada con sus métodos contraceptivos. “Total,” dice con desparpajo, “para eso está el aborto”.

Tanta propaganda ha convertido al aborto en una panacea ilusoria, por lo que otras alternativas ni son exploradas. La castidad es imposible, los anticonceptivos son poco confiables, dañinos para la salud y engorrosos. Con esa mentalidad, se producen millones de embarazos no deseados para los que la única solución es la interrupción quirúrgica. Muchas embarazadas no se sienten listas para asumir las obligaciones de la maternidad. ¿Y quién quiere pasarse nueve meses con sobrepeso, hemorroides, y algo pateándole la panza?. Todo para, después de sobrevivir a la pesadilla de un parto, regalar al crio a D-s vaya a saber quién. Mejor el aborto que es un método rápido, pulcro, terapéutico.

Lo que no cuentan los amigos del aborto es que no todas esas operaciones son tan simples y cómodas. Los médicos insisten en que hablar de riesgos en un aborto es una perogrullada. ¿Pero quién les cree a los médicos? Toda operación, hasta una sencilla lipo, implica riesgos y puede dejar secuelas físicas. Pero en el caso del aborto, es tabú hablar de desgarros cervicales, hemorragias y aumento de posibilidades de cánceres y embarazos ectópicos. Para qué decir de secuelas emocionales que van desde disfuncionalidad sexual hasta alcoholismo.