A Glenn Beck le llueven los ataques por todos lados. Es que declararle la guerra a George Soros ha lanzado a las fuerzas mediáticas en su contra. Y detrás de ella viene La Liga de Antidifamación que en mis tiempos servía para defender judíos. Hoy, se dedica a propagar ideas progres y a atacar a los que están en contra, a veces tildándolos de “antisemitas”.
A Beck lo han acusado de tergiversar el concepto del Holocausto, de usar en “exceso” los nombres de Hitler y otros lideres Nazis como referentes ¿(y no lo hacen todos?) y ahora de acusar a Soros de ser un antisemita, y eso que el buen Mormón específicamente dijo en sus ataques que él no veía a “Spooky Dude “como un antisemita. En fin, pocos como Beck pueden ser considerados como verdaderamente filosemitas, admiradores del judaísmo y pro- Israel. Sus ataques en contra de un demagogo, especulador y ateo como Soros, cuyo judaísmo es un mero accidente de nacimiento, no pueden calificarse como antisemitismo, no más que mis quejas de Hinzpeter me hacen judeofoba.
El programa de Glenn Beck, ayer, en FoxNews, es una prueba de su buena relación con el mundo tradicional judío, a la par de ser un excelente ejemplo de cómo los ejemplos históricos y las parábolas religiosas pueden ser útiles herramientas didácticas. Beck comenzó el programa enseñando dos fotografías: El Parlamento Europeo en Estrasburgo junto a La Torre de Babel pintada por Brueghel, El Viejo. A primera vista tenían algún parecido, al final del programa, ese parecido quedaba más que claro.
Beck anunció entonces que nos contaría la historia dela Torre de Babel, pero que para eso necesitaría de la ayuda de un experto que conociera los textos sagrados en su idioma original. Así que trajo a Daniel Lapin, un rabino de persuasión ortodoxa moderna. El Rabino Lapin, a pesar de que se le puede tachar de ser un poco “farandulero” (tuvo un programa de televisión, fue rabino de Barbra Streisand y apoyó "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson), es un devoto promotor de diálogos interreligiosos, un óptimo profesor de historia sagrada y un excelente narrador, cualidad que comparte con Beck. Como narradora profesional puedo atestiguar que las técnicas usadas por ambos son muy eficaces y amenas, y aun él que se quedaba dormido en el Catecismo o en Talmud Tora se hubiera entretenido con este programa.
Entre Beck y el rabino salió a la luz la historia de Nemrod, el rey cazador, al que en los días siguientes al Diluvio, se le ocurre la brillante idea de crear un Orden Universal, una manera de unir a todas las personas bajo un solo gobierno, una sola meta, un solo idioma y probablemente una sola moneda (Ein Volk, Ein Reich, Ein Fuhrer). Como todo gobierno totalitario, el de Nemrod, busca homogeneizar al pueblo, privando a su gente de su individualismo y de sus derechos individuales, convirtiendo a sus súbditos en esclavos de sus propiedades y de su codicia por consumir y acaparar, y volviéndolos tan materialistas que en ellos no quepa una gota de espiritualismo.
Fue ahí que el Rabino se refirió al “fundamentalismo seglar” de nuestros tiempos que es espejo del zeitgeist bíblico que lleva a construir una torre altísima que sirva de arma para la última batalla entre hombre y D-s. Una alegoría para explicar la lucha entre ateísmo y fe que culmina cuando El Creador, un poco divertido por las ínfulas de estas pulgas, provoca división entre los albañiles, los que comienzan a hablar idiomas diferentes por lo que cualquier proyecto en común fracasa, y la torre queda inconclusa.
Hace 30 años que venimos escuchando que los fundamentalismos religiosos, sean cristianos, judíos, musulmanes o mormones, son los culpables de los males del mundo. Pero ahora descubro que la agenda de los ateos también se ha vuelto un dogma igualmente nocivo y peligroso. Existe un propósito organizado de destruir las raíces de la fe judeo-cristiana para así poder crear ese Nuevo Orden tan deseado por George Soros y otros de su calaña. Un mundo donde todos piensen y opinen de la misma manera donde todos trabajen en pos de un “bien común”. Para eso es necesario destruir los valores individuales, crear un pensamiento homogéneo y colectivo dispuesto a apoyar a sus lideres en todos sus proyectos, sin divisiones, raciales, sexuales, políticas ni religiosas.
Suena tan bonito ¿No? Pero ya vemos como estas campañas de tolerancia han terminado por dividir mas a la gente y por crear prejuicios, algunos peligrosos, en contra de quienes se resisten. El escenario de la Torre de Babel donde todos parlotean en un idioma diferente, donde la incomunicación se convierte en una cacofonía ensordecedora y donde ya nadie parece capaz de crear proyectos en conjunto, es lo que vemos hoy en nuestro mundo. Los factores mencionados han provocado una crisis social y económica.
Sin embargo, el fundamentalismo seglar sigue empeñado en crear su Nuevo Orden aunque se esté hundiendo en arenas movedizas. Lo más curioso de este fenómeno es que el fundamentalismo seglar, tan hidrófobo en contra de todo lo que huela judo-cristiano, ha sido muy cordial con el Islam. Paradójicamente, es el fundamentalismo seglar quien más ha alimentando la implantación de de ideas fundamentalistas islámicas en Occidente. Ha sido el principal promotor de extremismos motivados por odio en contra de toda religión que no sea la del Corán y de la Yihad. ¿Cuál será la razón? ¿O fue solo una torpeza de un fundamentalismo arrogante, pero ignorante? Como sea, el cuento de la Torre de Babel terminó sin derramamiento de sangre. Quizás, esta vez, el final de este cuento no sea tan pacifico.












