lunes, 14 de julio de 2008

Gregory House y el síndrome del médico-dios

“House MD” es todo un fenómeno, una de las cinco series mas vistas en la Unión Americana y un nombre conocido por televidentes alrededor del globo. A punto de entrar a su quinta temporada (lo que ya es todo un logro), el Dr. House sigue impartiendo su sabiduría medica “sui generis”, y salvando la vida de sus pacientes aunque tenga que destruir sus egos y espíritus en el proceso.

El médico-héroe ha existido desde los albores de la televisión (antes existía en los radioteatros, pero no nos remontemos al Jurasico). ¿Qué tiene House que no tuvieron Kildare, Marcus Welby, o no tienen los médicos de ER y Grey´s Anatomy?

Cuando House hizo su aparición en el 2004 nos lo vendieron como el Sherlock Holmes de la medicina. Un médico tan empecinado en descubrir el misterio de una enfermedad que se olvidaba del paciente, de la diplomacia, y hasta del juramento hipocrático.

Ciertamente House ha vivido a la altura de este slogan y se ha convertido en uno de los galenos favoritos de la audiencia (al menos eso arroja el resultado de una encuesta de Newsweek) a la par de ser uno de los individuos más retorcidos y oscuros de los muchos que pululan el anti-heroico reino de las series de televisión.

En la primera temporada, House era un médico-detective, hosco, gruñón y mal hablado. Déspota con sus asistentes, cruel con sus pacientes (si es que llegaban a interactuar, porque generalmente House desdeña incluso visitarlos) y bastante audaz en sus métodos de curación y diagnósticos. Si Sherlock era adicto a la morfina, House consumía cantidades extraordinarias de Vicodin para apaciguar los dolores que le causaba una lesión permanente en la pierna. Sin embargo, ese primer House todavía era capaz de respetar a un paciente o de jugárselas para curar a una aparente esquizofrénica y reunirla con su hijo.

En el pasado, el héroe medico ha tenido que echar mano a métodos poco ortodoxos y su vida personal no ha sido muy santa que digamos. Pero tanto Alan Alda en MASH o George Clooney en ER sabían conjugar sus falencias con la Triple H: Humanidad que les permitía compenetrase con el paciente, Humildad para reconocer sus limitaciones y Heroísmo que los hacia enfrentarse al mal como un hechizo que amenazaba al paciente, no como un crucigrama que debe ser resuelto a pesar del enfermo. Eso no ocurre en el caso de House.

A medida que House crecía en sintonía, su protagonista se volvía más desagradable. La adicción a Vicodin, se revelaba como drogadicción, la que comenzaba a afectar sus habilidades médicas. Finalmente le suprimían las drogas y House veía rojo hasta el punto de casi dejar una niñita lisiada.

Lo peor de House es la crueldad con la que trata a la gente que lo quiere, porque este energúmeno tiene la suerte de provocar afecto, respeto y hasta amor en sus semejantes. En un episodio, House finge tener cáncer lo que destroza a sus seres queridos. Cuando descubre que todo fue una farsa, Wilson, su mejor amigo, le dice que la diferencia entre los verdaderos enfermos de cáncer es que ellos desearían tener personas que los quisieran. En cambio, a House le importa un bledo la gente que se preocupa por él.

Para colmo, House tiene una obsesión diabólica de destruir cualquier fe religiosa que exista en sus pacientes. Muchas veces les exige que crean en él y no en D-s. Ya parece Don Satas ofreciendo los reinos del mundo. Pero no debe sorprender. Aunque se diga ateo, House y su ira contra el poder divino implican una cuasi-fe en que tal cosa existe.

House odia a D-s tanto como a sus pacientes, porque lo culpa de su lesión. A la vez, le tiene celos, quiere quitarle devotos para tener la adoración y fe que se le tiene a la divinidad. En eso House no es muy diferente a la mayoría de los médicos. Digo la mayoría, porque a pesar de mis malas experiencias con la profesión médica, todavía creo que el buen doctor no es una especie extinta.

Sin embargo, la medicina tradicional ha perdido feligreses y pacientes debido a sus malos ministros. La mayoría de los médicos modernos tienen una “bedside manner” tan indiferente como la de House, le otorgan al enfermo el mínimo de su tiempo y desearían que éste fuese rata de laboratorio y no molestase con preguntas ni chillidos cuando les hacen daño.

House, como toda serie televisiva, está dirigida a gente no-pensante. Es una serie que aparenta ser muy erudita con todas esas palabrejas médicas y esos doctores que más parecen físicos nucleares, pero como somos ignorantes en medicina, es posible que nos estén metiendo el dedo en la boca. Quizás esos métodos que utilizan para curar los exóticos males que afligen a los infortunados pacientes de House no sean viables en la vida real.

Como dice mi Santa Madre: “en la vida real, la mayoría de los pacientes de House estarían muertos”. Sus diagnósticos son muy al tuntún. Comienza diciendo “puede ser el Síndrome de Fulano o la Enfermedad X”. Y él y su equipo se ponen a intrusear dentro de la casa y vida del paciente y hasta dentro del pobre desdichado.

Al final, resulta que todo se debía a una mosca en el oído medio, entretanto al paciente le han quemado las células grises, revuelto las tripas y convertido en un eunuco. Para que hablar de su vida personal y afectiva donde House ha hurgado con igual gozo y falta de respeto.

House entonces sirve como fantasía de escape para un público que quisiera poder ir por el mundo atropellando todo lo sagrado, jugando con la vida ajena y cayendo parado como el cojo doctor. Aparte de que la serie apela al Dr. Frankestein que todo humano lleva adentro. Mas encima, glorifica la drogadicción como el instrumento que permite a House ser tan brillante.

¿Si tanto la critico, por qué veo yo esa serie? Aparte de que me encanta Hugh Laurie como actor y como hombre, la veo por el entourage de House. Porque ellos son los verdaderos heroes, porque a ellos si les entregaría mi salud. Porque para querer a House y para refutar su supuesta sabiduría tienen que ser buenos médicos y buenos seres humanos. La veo por Chase, Foreman y Cuddy, por Wilson (mi héroe) y por Cameron, la mejor “medicine woman” que ha visto la televisión desde Michaela Quinn. Porque a diferencia de House, ellos creen más en una mejor calidad de vida que en la vida eterna en este planeta.

1 comentario:

Patricio Sesnich dijo...

Solo he visto la primera y segunda temporada de HOUSE, me gusta, pero no me mata, me gusta el elenco, me gusta Jennifer Morrison, me gusta el elenco en si...encuentro a todos bien en sus personajes, y es -como me pasa con varias series que veo en DVD- las veo con cuaderno en mano -y lapiz claro- para poner pausa y anotar, especialmente en HOUSE anoto las enfermedades...que sirven y harto para crear historias personales.