lunes, 31 de enero de 2011

La moda del "appeasement" (o por qué no se vale criticar a "The King´s Speech")


Cuando Obama les llora a los países árabes las injusticias cometidas por USA contra de ellos está practicando una política de apaciguamiento. Cuando en Europa se bajan los pantalones con los mencionados países siguen la misma política. Tal como los gestos sumisos de Piñera y su corte por acercarse a la Concertación, que les responde con peñascazos y escupos, pueden calificarse como una “Appeasement Policy”. Es la moda y no incomoda. ¿Entonces por qué se critica que en "The King´s Speech", un filme candidato al Oscar, se oculte que el Rey Jorge VI era partidario de esa política en los días pre-Segunda Guerra Mundial?

Una política de apaciguamiento es un intento de evitar  conflictos  mediante compromisos y soluciones pasivas. En castizo "comprar paz". Por décadas las “appeasement policies” fueron miradas con desprecio, culpándolas del estallido y duración dela Segunda Guerra Mundial. Pero hoy la política de apaciguamiento es usada por Obama para “dialogar” con el mundo árabe que ya hemos visto, con los recientes acontecimientos de Túnez y Egipto, es un polvorín poco confiable. Europa también gusta de esas políticas mediadoras que Zapatero usa en el exterior para tratar con piratas somalíes y  con el Sultán de Marruecos, pero también en su política interior en sus arreglos con nacionalismos periféricos y con ETA.

No podemos criticar mucho porque los presidentes de la Concertación han usado “métodos pacíficos” para solucionar todo conflicto con países vecinos, con el resultado que todos se lavan el popi con nosotros. Y ahora viene Piñera que cree que una política de apaciguamiento le permitirá ganarse la confianza de la Concertación.

A pesar de ser la moda en comportamiento político occidental, hay quien todavía desprecia esas politicas. Así el ex Presidente Uribe de Colombia se negó a emplear políticas de apaciguamiento que fortalecieran al terrorismo de las FARC y todavía el término incomoda cuando se lo asocia con la Segunda Guerra Mundial. Por algo el reconocido periodista y critico literario Christopher Hitchens ha acusado a "The King’s Speech" de inexactitud histórica al no retratar al Rey Jorge VI y su hermano el Duque de Windsor como fascistas y promotores de políticas conciliatorias.


No he visto mas que promos de "El discurso del rey", pero aparte que me parece un filme excelente, en la misma línea que "La locura del Rey Jorge" (científico plebeyo cura a monarca de impedimento físico, etc.), no creo que sea el mejor ejemplo para criticar distorsiones históricas cuando toda pieza de época hoy en día sufre de ese mal. Más me parece que Hitchens, un gran campeón en decir animaladas, quiere ahora atacar a la monarquía británica recordando que el padre de la actual soberana de Inglaterra pudo tener su gotita de culpa en la postergación nefasta de un conflicto con la Alemania Nazi.

Efectivamente, Eduardo VIII, al que la imaginación populachenta del siglo XX consagró en el Hall de la Fama de los grandes enamorados, era fascista y pro-Nazi. La verdadera razón por la cual su familia y su gobierno lo empujaron a abdicar no fue porque les cayera mal la Sra. Simpson (aunque tampoco les caía bien) sino porque entre ambos estaban  complotando hacer una alianza con Alemania y crear un sistema totalitario de gobierno en la Gran Bretaña.


Tras su abdicación en 1937, el ahora Duque de Windsor y su Duquesa partieron (en contra del consejo de políticos y parientes) a Alemania de luna de miel. Allá, el duque se fotografió con altos dignatarios del Reich, visitó a Hitler y hasta levantó la pata haciendo el saludo Nazi. Cuando estalló la guerra, su pobre hermano, cansado de tanta payasada, le ordenó dejar Francia donde se había exilado y lo desterró a Las Bahamas con un cargo  nominal de gobernador.


El caso de Su Majestad Jorge VI es completamente diferente. Era lo opuesto a su hermano en todo. Tal como lo muestran en "El discurso del rey", era un hombre patológicamente tímido, afectado por tartamudez y varios tics nervosos, que jamás quiso ser rey y cuya mayor felicidad era estar con su familia y sus perros. Efectivamente, apoyo las políticas de apaciguamiento de su Primer Ministro Neville Chamberlain y le costó admitir la renuncia del último, más que nada por no cometer una justicia. Porque Chamberlain, que ha pasado a ser un gran villano en este cuento, no inventó la política de apaciguamiento. De hecho, la heredó de sus predecesores Ramsey McDonald y Stanley Baldwin.
Sus Majestades y los Chamberlain


La políticas de apaciguamiento de los años 30’s (y Francia y Estados Unidos las compartían) nacen de una serie de factores que siguen regulando las presentes. Pacifismo o miedo a conflictos, sensación de que al enemigo se le ha tratado injustamente en el pasado, (vale recordar el discurso “Mea Culpa” de Obama en el Cairo hace un par de años) y terror al auge de corrientes políticas que puedan beneficiarse con una guerra.



La corriente pacifista nació el mismo día del armisticio en noviembre de 1918. Europa, semi destruida, con la mitad de su población masculina muerta o invalida, juró no volver a sufrir una guerra tan sanguinaria, por algo se la llamó “la guerra que terminaría con todas las guerras”. Sir Oswald Mosley fundador de la Unión de Fascistas Británicos era un veterano que había quedado cojo sirviendo en la aviación. Tanto el Duque de Windsor como El Rey habían servido en el Frente Occidental y visto de cerca la masacre. Pero no se necesitaba ser aristócrata para ser pacifista. El movimiento que abarcaría todas las clases sociales había iniciado irónicamente en Alemania en la Republica de Weimar y de ahí se extendió a Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

Se aunaba al miedo a otro conflicto bélico, la certeza de que el Tratado de Versalles había impuesto reparaciones injustas e imposibles a Alemania. Ya por los años 20’s se la veía,   no como el enemigo de antaño sino como una pobre victima (si hubo una victima del Tratado de Versalles fue Italia y era vencedora). A inicios de los 30’s, se invitó a Alemania ser parte de La Liga de las Naciones (precursora igualmente inepta de la ONU) y a formar parte de la Gran Conferencia  de Desarme. Tal como hoy, se creía que el desarme evitaría guerras futuras. Un año más tarde los Nazis eran el gobierno alemán. Toda mención de pacifismo pasó a ser peligrosa en el Reich, y en octubre de ese año Alemania se retiró de la Conferencia de Desarme.

Sin embargo, el pacifismo no murió. En agosto del ‘33 tuvo lugar una gran conferencia pacifista en Ámsterdam. Todo el evento estuvo orientado hacia la Izquierda y, como nota Robert Graves en su The Long Weekend: A social history of Great Britain 1918-1939 (El largo fin de semana: una historia social de Gran Bretaña. 1918-1939), su retórica y eslóganes eran tan violentos que el pacifismo pasaba a ser “un poder militante en vez de un deseo”.

Para la década de los Treinta, se agregaba al mal recuerdo de la Gran Guerra, los problemas de la Gran Depresión que conllevaba una sensación de que la democracia y el capitalismo habían fracasado. En ambos lados del Atlántico, se puso  de moda apoyar a una u otra corriente totalitaria: comunismo o fascismo/nazismo. Si  muchas políticas de apaciguamiento del presente se basan en el concepto del “mal menor” y en miedo a un auge de la Derecha, entonces existía un terror de un segmento de la población a las Hordas Rojas y se creía que los gobiernos fascistas principalmente el Tercer Reich servían de barrera contra el comunismo. Curiosamente, mucha gente sensata militaba en la Izquierda porque le tenían terror al fascismo.

Todas estas tendencias ayudarían a perpetuar políticas de apaciguamiento que permitirían que Hitler se zampase Austria y Checoeslovaquia, y atacara a Polonia. Muy a regañadientes, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania en 1939 forzados por tratados con Polonia. Antes de que sus panzers cruzaran la frontera, Hitler, muy habilosamente se alió… ¡con la Rusia Comunista! De pronto, tanto los que lo veían como bastión anticomunista como los que creían que el marxismo era el peor enemigo del fascismo quedaron como tontos irresponsables.

 

Hoy en día, estrategas militares e historiadores nos cuentan que de no ser por las políticas de apaciguamiento, las potencias bien pudieron ponerle un buen “párale”  a Hitler (como lo hizo Mussolini el ‘34 después del asesinato de Dollfuss en Austria) y se hubiera evitado la Segunda Guerra Mundial. Hitler antes del ‘39 (posiblemente antes del blitzkrieg del ‘40) no tenía un ejército equipado para una guerra larga. Al final con sus políticas supinas, las potencias occidentales solo consiguieron tener otra guerra mundial. ¿Cuál será el resultado de nuestras actuales políticas de apaciguamiento?

sábado, 29 de enero de 2011

¡Hágame un chinito!: el sinófilo discurso de Obama


En la Alemania Nazi se llamaba “hacer un ‘Goebbels’” a esos juegos infantiles de tratar de estirarse la boca con los dedos hasta abrirla a su capacidad máxima. Nadie en el Reich tenia la capacidad de abrir la jeta para vomitar barbaridades como el Ministro de Propaganda. Yo no haba visto un “Goebbels” tan grande como el que presencié el martes pasado al escuchar a Barak Hussein calentarle la oreja al pueblo estadounidense con su discurso del Estado de la Nación.

Pasados unos días desde el discurso de marras, pasada la euforia de demócratas, progres e izquierdistas de USA y del Primer Mundo (y Chile que todavía no sé en que mundo cabe) que se quedaron boquiabiertos con la labia del hibrido, podemos hacer  los que los pocos medios disidentes y otras gentes pensantes notaron: calificar al  discurso como demagógico, poco veraz, y muy poco patriota.

¿Qué dijo en el primer presidente hawaiano de la Unión Americana? Habló de la educación, de lo importante que era crear nuevos programas educacionales, instó a los jóvenes a optar por la docencia, sobre todo en las aéreas de ciencias, matemáticas y tecnología, para llegar a ser como los chinos. Las alabanzas “besaculistas” al Celeste Imperio fueron el “leitmotiv” del discurso. A cada rato, el presidente sacaba a relucir lo importante que era China, como le había ganado a USA, como era necesario imitar a sus habitantes. Ya parecía esos niñitos chicos que cuando uno les dice “¡hágame un chinito!” se estiran los ojitos con los dedos. Obama quería convertir a todas las generaciones futuras de Gringolandia en chinitos.

También habló del déficit fiscal de la nación, aunque no hizo un “mea culpa” sobre los despilfarros de su gobierno. De manera poco especifica, murmuró algo sobre recortar programas y gastos superfluos (no se sabe según que criterio), pero también se pasó la noche hablando de crear nuevos programas para… ¿ya adivinaron? alcanzar el nivel de modernidad de la China.

Su palabrería tecnócrata, me recordaba a Ricardo Lagos. ¿Se acuerdan cuando babeaba que todos los niñitos chilenos tenían que aprender chino porque allá en las costas asiáticas estaba el futuro? Mejor sería que los niñitos chilenos aprendieran a hablar un correcto castellano primero.

Lo cierto es que ese despliegue de oratoria Obamaniana estuvo salpicado de  falacias. Si hasta Sougarret tuvo que corregirlo, porque Obama en su delirio puso a Brandon Fisher, el inventor de la perforadora,  como el único responsable del rescate de los 33. Como dijo el Gerente de Codelco, no se puede obviar toda la contribución chilena al rescate.  El Plan B no fue invención de Fisher y sus martillos y perforadora fueron parte del equipo de herramientas utilizados en el rescate   ¡Oops! el hibrido también se olvidó de mencionar un pequeño detalle, la perforadora no vino gratis y la platita (cien mil dólares) la puso el gobierno chileno y Codelco.

Es que Obama se sentía tan a sus anchas que no le importaba faltar a la verdad, como no le importaba lanzarles flores a dos grandes enemigos de Estados Unidos, Rusia y China. Recordó  como los rusos le habían ganado a USA en la carrera nuclear y como ahora los chinos les ganan en tecnología. Todo eso es cierto, pero sonó de mal gusto. Era como esos padres que siempre alaban, delante de sus hijos, a los compañeritos más lindos, más flacos o con mejores notas.

Además ¿Qué tanto escándalo con la China? Un país que se sienta en el cacareado Calentamiento Global, y en los Derechos Humanos. Donde la población, y esto incluye a la clase media profesional,  vive esclavizada del trabajo, obedece como robots reglas que los privan hasta de la libertad mas básica, el derecho de tener un segundo hijo. Un país donde la mayor parte de la población vive en zonas rurales en una miseria medieval. Donde no importa si se sofocan 300 mineros en una mina, porque hay 3,000 para reemplazarlos. Obama con esa mentalidad de nuevo rico, está impresionado porque China tiene plata para comprar la integridad de su nación y porque está agarrando a Occidente por los pocos testículos que le quedan.

Por otro lado, todos esos programas que van a ayudar a América a volverse China, cuestan plata. Mucho más de la que se reunirá con esos vagos recortes que ofreció el mandatario. Según se ha establecido, los recortes abstractos de Obama lograrían ahorrar unos 400 billones en una década. Lástima que la deuda actual asciende a tres veces esa cantidad.


Me parece también un poco ingenuo, o desligado de la realidad, que hable tanto de la educación en un país en que la recesión económica está obligando (esto ya se ve en zonas rurales) a hacer ajustes en programas escolares, a despedir docentes e incluso a recortar días de estudio. Así rapidito van a llegar al nivel de los chinitos que van a clase los siete días de la semana.

¿Y cómo puede incitar a una nueva generación a meterse en la docencia que es una de las profesiones más peligrosas de Estados Unidos? Aunque sea bien pagado, nadie tiene interés en ira  enseñar mocosos agresivos, dementes  que prefieren fotografiarse desnudos y colgar la foto en Internet antes que prestar atención a un individuo sin autoridad que intenta enseñarles algebra para que sean tan habilosos como los chinitos.

Lo más grotesco del discurso es que, a lo largo de la semana, la prensa progre gringa se ha llenado la boca con alabanzas y comparaciones elogiosas. A Obama lo han comparado con Kennedy, con Clinton y con… ¡Reagan! Incoherente, puesto que El Gipper ha sido el mayor Cuco de los medios libertarios desde incluso antes de su fallecimiento. Lamentablemente Jack, Bill y Ronald Reagan tenían algo que a Obama no le sobra, dignidad, patriotismo y pantalones.


miércoles, 26 de enero de 2011

Políticas de entretenimiento: cultura de masas en días “progres”


Nuestro nuevo amigo Rodrigo me comentaba que hace años que no pisa un cine y que su gran esparcimiento es el baseball. Me parece una buena opción. Como decía uno de mis  profes   “no hay mejor religión que el baseball”, y es uno de los pocos entretenimientos que se ha abstenido de colorearse de tintes políticos. Lamentablemente, yo soy mas sedentaria en mis gustos, pero como Rodrigo hace años que no voy al cine y últimamente me incomoda ver que la progresía se ha apoderado de todas  las formas de entretenimiento o cultura,  imponiéndoles su criterio  iconoclasta y libertario.

Desde chica he tenido tres adicciones: la lectura, la tele y los dulces. Últimamente, me estoy librando de las dos primeras, lo que me da esperanzas de desterrar la azúcar de mi dieta. Sin embargo, la vida sin esos placeres tiene poco sentido, pero menos cuando el color político hace inconfundible el material de esparcimiento.

Siempre he sido muy respetuosa de la cultura masiva, como bibliotecaria promoví ampliamente todas sus muestras. Después de todo, muchas obras de arte han sido, en su momento de origen, un producto para las masas. Pero en la última década, el mensaje y la corrección política han matizado de una forma tan poco sutil las lecturas impresas y audiovisuales que ya no hay solaz ni en leerlas ni en compartirlas.

Desde hace cinco años, que Hollywood está en decadencia. No solo por falta de medios económicos, lo que ha llevado a varios estudios a la ruina o al borde de a bancarrota, sino por la mediocridad y falta de calidad de sus producciones. Tal vez sea un castigo ya que fue la elite hollywoodense la qu financió la campaña de Obama.


Bromas aparte, Hollywood ha sucumbido a su culto a la corrección política, y a la guerra en contra del conservadurismo (lo que abarca tradiciones y valores inherentes a la condición humana como la fe y la familia). El precio es que ahora solo pueden generar obras sin contenido, pero pletóricas de efectos especiales que son carísimos, o historias más baratas, colmadas de mensajes que pretenden ser librepensadores, pero no pasan de ser triviales y artificiosos.

Lo mismo ocurre con la televisión y no únicamente en USA. La televisión española se ha vuelto “inveible”. Es como su cine, el mensaje político resulta agotador e indigesto. Ya no hay ojo clínico. En América Latina seguimos la misma regla. Hasta la telenovela (con la excepción de la mexicana) se ha vuelto iconoclasta y chillona.

La televisión gringa está pasando una etapa de mediocridad equiparable a su cine. En los 50’s y 60’s, la televisión estadounidense fue la mejor del mundo,  beneficiada por el aluvión de finos guionistas expulsados de Hollywood en la Era de McCarthy. Había programas que contenían material considerado de vanguardia, pero se lo trataba muy delicadamente y con mucho arte. Así la televisión fue evolucionando, como todo,  y derribando tabúes.


Fue un cambio paulatino, pero al terminar con todos los tabúes, la emprendieron contra instituciones y tradiciones hasta el punto de caer en la chabacanería repetitiva y en un negativismo moral que tiene televidentes nada más porque no hay otra cosa que ver. Los reality shows son evidencia de esa corriente. Por otro lado, las tendencias de la progresía vanguardista y del pensamiento político de moda afectan también a los programas culturales y los documentales que parecen dominados o por un revisionismo histórico y científico extremadamente ateo o por predicciones apocalípticas “algorianas”.

En su última entrada, Javier Bazán ha señalado el avasallamiento de las letras chilenas por parte de panfletistas políticos metidos a literatos.  En Chile no se publica obra que no siga cánones impuestos por la progresía. No se necesita ser un marxista furibundo para ser escritor reconocido y comprado. Solo basta ser políticamente correcto, oponerse a todo lo tradicional y conservador y ser completamente nihilista en lo que se refiere a sistemas valóricos.

El fenómeno no es únicamente chileno. Basta mirar las listas de “bestsellers” desde El Corte Ingles hasta la del New York Times. No hay novelas que se salgan del esquema de la campaña en contra de lo doméstico, lo espiritual y lo tradicional. Si Dan Brown no se  hubiese lanzado  en contra de la Iglesia, no seria un escritor famoso.

Sin embargo, y esta es una ironía que tiene frenéticos a  los medios progres que abarcan también las editoriales, existen resquicios para que la voz del conservadurismo se deje oír: la no-ficción. Basta que en España, Pio Moa o César Vidal publiquen algo para que suba como espuma por la lista de los más vendidos.
Lo mismo ocurre en USA donde las librerías no dan abasto vendiendo las obras de figuras de FoxNews como Bill O’Reilly y Glenn Beck, al igual que políticos como Sarah Palin. Ahora, el libro de George W. Bush está en segundo lugar de la lista del New York Times. Hasta las novelas históricas de Newt Gingrich se venden como pan caliente.

Aunque no necesariamente tiene que ser no-ficción o tener como autor a alguien famoso. Hace un par de años, un librito llamado The Shack, que narraba un extraordinario encuentro entre un hombre y su Creador llegó a la cúspide de los más vendidos. Y sin ir mas lejos, Crepúsculo, la primera de la exitosa saga de vampiros de Stephanie Mayer es un sumario de valores tradicionales incluyendo el más rancio romanticismo decimonónico. Lo que nos demuestra que no es el público el que exige programas de mal gusto o argumentos anarquistas, banales y de mal gusto.


domingo, 23 de enero de 2011

Soberanos de nosotros mismos: ¿la mayor utopía de la democracia?


Una ventaja de la úlcera es que sus dolores me despiertan de madrugada. Eso me permite ver el programa de Glenn Beck en Fox News. El de la madrugada del viernes, tenia como base la pregunta que impulsó a la Declaración de Independencia estadounidense “¿Puede el hombre gobernarse a si mismo?”. La respuesta afirmativa a esa pregunta es lo que mantenido y hecho grande a los Estados Unidos, pero a nadie más. No pensamos mucho en nuestro derecho a gobernar nuestra casa, muestra vida y nuestro país. ¿Será por eso que lo estamos perdiendo?



La gran diferencia entre la Independencia norteamericana y otras revueltas similares, contemporáneas, o posteriores, radica en esa pregunta, ese concepto de autonomía política, de libertad para todos, libertad para practicar la religión deseada, libertad para reunirse, libertad para portar armas y libertad de expresión. Esta última está ahora en la mira en Estados Unidos.

A raíz de lo ocurrido en Tucson, Obama ha solicitado de medios y políticos que le bajen el tono a los insultos. Los políticos se han reído del coscacho presidencial, pero la prensa ha escogido una manera pasiva-agresiva de obedecerlo. Ahora toda expresión “violenta” está bajo escrutinio. Decir, como acabo de expresarlo yo, “estar en la mira” califica como expresión violenta y prohibida.

Todo esto les ha venido de perillas al ala izquierda de los Demócratas, empeñada hace rato en censurar a los medios de expresión contraria, o sea los programas radiales y principalmente Fox News. Esto no es único de Gringolandia. En Hungría ya se han proclamado leyes de censura mediática y España quiere seguirle los pasos.

En Estados Unidos no es tan fácil. En FoxNews la reacción ha sido aferrarse a la Primera Enmienda de la Constitución que es la que protege el derecho a la libre expresión, incluso como dice Beck, cuando ese derecho los agrede a ellos. Una actitud muy loable, tanto como lo es la Primera Enmienda. El problema es que todo derecho en manos de ciudadanos inmaduros o de intereses creados puede expandirse o retorcerse de formas inaceptables.

Por ejemplo, durante la revolución estudiantil de los 60’s, en los campus universitarios californianos se decidió que la Primera Enmienda amparaba el derecho a decir palabrotas y desde entonces la gente anda a garabato limpio porque así se “libera" el lenguaje. A propósito, quien quiera saber cuando se volvió moda en Chile andar echando chu…a diestra y siniestra, fue en los años del Chicho.
Universidad de Berkley


Volviendo al abuso de los derechos y leyes, en Estados Unidos estos son interpretados por abogados, jueces y legisladores de una manera tan enrevesada que permite encarcelar al inocente, liberar al culpable y exonerar a los mas pillos. Es un verdadero arte, por eso la Constitución, ahora con tanta enmienda, ya no es ni sombra de la que firmaron Ben Franklin, Jefferson y otros a fines del Siglo XVIII. Es por eso que mi Pa decía que los gringos y sus leyes eran “pueriles” e “infantiles”.

Con toda su puerilidad, Estados Unidos es la única democracia que sigue incólume después de más de dos siglos. Estoy hablando de un país grande y poderoso, no de la Confederación Suiza o Islandia. Esta última aparte de tener presidenta lesbi y un volcán que paralizó a Europa, no sé que otra gracia tenga. En cuanto a los suizos, su gran poder estriba en ser los banqueros y relojeros del mundo y en no mojarse el potito jamás. Son los campeones de la neutralidad. En cambio, Estados Unidos, y ese es el costo de ser potencia mundial, tiene que meter la cuchara en cuanto conflicto estalle en el mundo y eso lo hace salir más noqueado que el Guatón Loyola de la cueca.

En su primer siglo de vida, Estados Unidos enfrentó dos guerras internacionales, con Inglaterra y México; una docena de conflictos con los indios; y una guerra civil tan cruenta que murieron en ella más soldados gringos que en la Segunda Guerra Mundial. Aun así la Unión América sobrevivió, se afianzo y comenzó a creer que su “Manifest Destiny” la obligaba a entrometerse en el destino universal. Todo esto basado en un concepto básico, la igualdad de todo ciudadano estadounidense a controlar su entorno y a participar en su gobierno.

Hay que pensar que en el Siglo XIX se peleó una guerra para que los afro-americanos fueran libres y formaran parte de la empresa gubernamental de la nación. Sino fuera por eso, 143 años después del conflicto, Barak Obama no hubiera llegado a la Casa Blanca. ¿En qué otro país birracial ocurre eso? En Brasil no ha habido presidentes negros.

En Francia, cuna de la libertad, el más conservador de sus hijos, el General De Gaulle, otorgó el derecho al voto a las mujeres en 1944. En Estados Unidos el sufragio femenino había sido declarado legal veinticuatro años antes. Pero aun antes de esa fecha muchos estados de la Unión permitían que las mujeres votaran, incluyendo Wyoming donde las damas sufragaban desde 1869.


Más allá de lo que la democracia permite a minorías y mayorías está la pregunta inicial. ¿Puede el ser humano gobernarse a si mismo y por lo tanto participar en el proceso político de la nación? En América Latina donde imitamos todo lo malo de los yanquis, y nunca lo bueno, no parecemos estar muy seguros en la respuesta. Siempre estamos confiando derechos y responsabilidades en manos de la elite gobernante.

Ya para los 1820’s, la gran mayoría de los países latinoamericanos no eran colonias, pero tampoco democracias parecidas a las norteamericana. Los dos países más grandes, México y Brasil optaron originalmente por ser monarquías. En el resto de América Latina llevamos doscientos años en que cada vez que nos cabreamos de democracias chambonas, optamos por dejarlo todo en manos de caudillos, dictadores, y “hombres fuertes” de la Izquierda y la Derecha.

¿Se nos puede culpar si ni en Europa se ha sabido crear ni conservar una tradición democrática enérgica? Todos se llenan la boca con la Revolución Francesa que no era más que una pandilla de salteadores y matones que gobernaban en juntas con nombrecitos desubicados como El Comité de Salubridad Publica, cuyo uno remedio para la salud era cortarle la cabeza a todos los que les caían gordo. Cuando se les acabaron los cogotes aristocráticos, comenzaron a degollarse unos a otros. Resultado, a una década de la caída de la Bastilla, ya tenían Emperador, y treinta años mas tarde los Borbones volvían a posar sus asentaderas en el trono. La historia francesa del Siglo XIX es una serie de revoluciones y cambios dinásticos.

En la España decimonónica también quisieron tener republica. Les duró un poco más de un año antes que volviera la monarquía. Las grandes revoluciones que unificaron a Alemania e Italia no culminaron en republicas demócratas sino en monarquías.

Era tan claro que los humanos no podían gobernarse solos que muchos países se convirtieron en imperios coloniales para poder regular más la vida de “razas inferiores”. Ahora veo por primera vez que el colonialismo no era mal intencionado, aunque sus acciones tuvieran resultados negativos. Se creía a pie juntillas en la existencia de gente  frágil e ingenua que necesitaba que se le guiara en todo y se la eximiera de responsabilidades y compromisos para los que no estaba preparada. A cambio, se la protegía, a veces de su mismo salvajismo. En compensación, la gente debía aceptar y acatar la tutoría de un gobierno protector.

Yo soy monárquica, como saben, pero me crispa ver que la mayoría de las democracias seudo-izquierdistas (y eso incluye ala Corte de Obama) le apuestan a un tipo de gobierno benefactor, paternalista y condescendiente. Obama lo dice a cada rato, el pueblo no entiende, el pueblo es tonto, por lo que hay que decidir por él. Por suerte en USA, una gran mayoría de ese “pueblo tonto” se ha rebelado en contra esa ofensiva actitud. ¿Por qué no lo imitan otros países? El que no lo hagan me crea serias dudas de que el hombre pueda realmente autogobernarse.

domingo, 16 de enero de 2011

Por la boca muere el pez: libelos antisemitas y otra vez Sarah Palin



En mi escuela judía me enseñaron que se puede “asesinar” a una persona con calumnias, pero también uno puede morir como el pececito proverbial por lo que sale de la boca. Al pobre Ravinet le costó el puesto decir que un puente “valía callampa”, a lo mejor era cierto, pero en estos tiempos  hay que tener cuidado con lo que se dice. Sobre todo si se es figura publica. Los enemigos están al cateo de la laucha buscándole la quinta pata al gato. Solo que con Sarah Palin quienes murieron fueron sus críticos por ignorantes y por cínicos. Eso incluye al diario español El País  que de ultra pro-palestino quiso jugar a defensor de los judíos y no le resultó.

Cuando ya se creía que la Masacre de Tucson era noticia añeja, siguen ocurriendo hechos violentos  surgidos no solo de la tragedia en si, sino también de la campaña mediática progre que la siguió, la que a toda costa quería acusar a Sarah Palin yal Tea Party de haber incitado a Jared Loughner a matar a 6 personas y herir a mas de media docena. Ayer en una reunión de la Municipalidad de Tucson, llegó una de las victimas del tiroteo, un veterano militar llamado James Fuller quien amenazó de muerte al líder del Tea Party local. ¿Quién está empleando la retórica incendiaria ahora?

Pero el suceso más bufonesco de todo este debate politico-mediatico ha tenido lugar a raíz de un video que la ex Gobernadora de Alaska colgó en Facebook donde negaba su responsabilidad en la Masacre de Tucson. Es la opinión de conservadores sesudos como Bill O’Reilly y el Dr. Charles Krauthammer que Sarah, como las damas de antaño, debió esperar a que algún caballero sacara la cara por ella, y que ese video fue inoportuno y dañó su imagen. Es posible, puesto que los oportunistas medios progres le hicieron la autopsia completa al video hasta encontrar lo que buscaban: un solo término ofensivo e inflamatorios, “libelo de sangre” y ahí se armó la gorda.

La prensa progre tiene la fea costumbre de tratar a su audiencia como si fueran tontos, ignorantes, incapaces de encontrar la página de la Wikipedia, y por eso les meten cualquier cuento que los obedientes lectores se tragan. Partiendo de la base que el auditorio supiera lo que es un libelo de sangre, se podría considerar la frase como ofensiva si Sarah hubiese dicho que los judíos eran unas sanguijuelas, asesinos rituales y caníbales. Pero se limitó a comparar las acusaciones en su contra como un “Blood libel”. O sea, una acusación tan gravemente falsa que puede provocar una reacción violenta de parte de otros hacia el acusado.  Lo que hemos visto ha ocurrido ayer en la Municipalidad de Tucson. Por lo tanto en ese contexto ella usó el término de manera correcta y para nada ofensiva a los judíos.

 “Blood libel” es  muy común en  inglés en el discurso académico y político. Sin embargo, ahora los mismos que lo utilizan fueron los que, sobándose las manos como los Fariseos de la Pasión de Mel Gibson, tildaron a Palin de antisemita.  Al hacerlo demostraron gran coherencia, olvidando que a lo largo de la breve aparición de Sarah Palin en el horizonte político, ella ha sido acusada muchas veces por la Izquierda de ser pro israelí.

Pero mi mayor risotada fue cuando El País metió su cuchara y se unió al coro de los que gritan “antisemita” a Palin. Puedo entender ese error de parte de la prensa chilena que repite como loro lo que escucha en CNN y sabe tan poco de los judíos que ni siquiera capta cuando sus mismos  periodistas, son antisemitas. ¿Pero el País, ese gran bastión de judeofobia? Verdaderamente el cinismo es gratis y no engorda.

Leyendo el artículo de El País me duele la úlcera notar la incultura de Antonio Caño, el autor de esta joyita. Lo titula”Sarah Palin recurre al antisemitismo “y define el término “libelo de sangre” como “una frase histórica para arremeter contra los judíos” (si lindo, algo así como el grito de guerra apache) y “una frase históricamente utilizada para justificar el antisemitismo”.

Pues el señor Caño aparte de sacarse un 1 en historia, es tan analfabestia que no sabe su idioma. Libelo significa “difamación” y libelo de sangre es un termino acuñado por historiadores modernos para explicar unas histerias masivas que ocurrieron a lo largo de la historia  en la que los Gentiles  acusaban a los judíos de matar niños para usar su sangre en la fabricación del pan ácimo (matzah) que se come en la Pascua Judía.



El señor Caño y todos los oportunistas progres que han jugado con la molicie intelectual del pueblo son tan ignorantes como quienes verdaderamente arremetían contra los judíos acusándolos de consumir sangren infantil cuando la Tora prohíbe terminantemente el consumo de la sangre. Al animal tras faenársele se le exprime de todo líquido sanguíneo. Y aun así, las amas de casa más estrictas al comprar una pieza de carne por precaución la tienen en salmuera  algún tiempo (un día era la regla en la cocina de mi madre quien heredó la costumbre de sus abuelas italianas). Es por eso que hasta el día de hoy (Y no soy totalmente adepta al Kashruth)  me da nauseas ver sangre en mi plato, no soporto ni el olor de una prieta (morcilla) y  mis nanas siempre ponen la carne en salmuera y hierven el pollo antes de asarlo.


Abraham Foxman, de Bnei Brith, se abstuvo de acusar a Palin antisemita, pero la regañó por usar una expresión que tiene “connotaciones históricas dolorosas para los judíos”. Entonces no deberíamos hablar de “holocausto nuclear” y “genocidio de ballenas” tampoco. Pero lo que Foxman no sabe es que el libelo de sangre no es solamente un doloroso recuerdo histórico, sino algo muy de nuestro presente.

Esa acusación de judíos come-niños, porque en la calumnia se combina vampirismo, con canibalismo, y sadismo, no fue inventada por cristianos medievales. El primero en hacerla pública es un griego de Alejandría llamado Abtion un siglo antes de Cristo. Es cierto que las mayores masacres tuvieron lugar en la Europa pre lustración y elevaron a los altares a las víctimas de los vampiros hebreos como ocurrió con Guillermo de Norwich, Hugo de Lincoln, Simón de Tento y el Santo Niño de la Guardia. Se perdía un niño en la primavera y vamos acusando a los judíos. Era como en esas películas de Frankenstein que salen todos con antorchas a perseguirá al monstruos.


En el mundo moderno no se ha acabado con ese cuento. No es de sorprender ya que las acusaciones del crimen ritual fueron causa de varios incidentes a comienzo del siglo XX en Rusia, provocados por las políticas antisemitas de la Corte del Zar. Pero en 1928, en plena a del Jazz,  toda una comunidad judía fue acusada de haber secuestrado a una niñita de cuatro años para sacrificarla ritualmente (No era Pesaj así que decidieron que también los judíos tomaban cocteles de plasma en Yom Kippur). Esto ocurrió nada menos que en Massena, en el estado de Nueva York. Por suerte, se encontró a la niñita viva, pero perdida, en un bosque cercano.

No se sabe de donde nace esta acusación demente. En el siglo XIII, dos Papas la condenaron. Solimán el Magnifico, Sultán del Imperio Otomano,  también la condenó en el siglo XVI. De hecho durante una acusación similar hecha por la comunidad griega contra la judía en la Isla de Rodas en 1840, fueron las autoridades turcas las que protegieron a la última. Por eso me da mucha tristeza que el mundo musulmán sea ahora el mayor propagador de ese libelo.


Se han escrito libros en Siria y se han hecho documentales en la televisión árabe dando por sentado que el asesinato ritual es una práctica del judaísmo. Pero no son solo ellos. En el 2005, 20 miembros de la Duma rusa solicitaron al Fiscal General que prohibiese toda asociación e institución judía, puesto que los judíos eran inhumanos, anticristianos y adeptos a sacrificios rituales. 

Con esos ejemplos ya no se puede hablar de libelo de sangre como cosa del pasado, y aunque no todo el Tea Party sea tan filosemitas como algunos de sus líderes, me parece justo que una amiga de los judíos como la Gobernadora Palin se apropie del  término

sábado, 15 de enero de 2011

Mudanza en La Moneda: se van ministros, llegan ministros


Se dice que Sebastián Piñera nunca realmente creyó que llegaría al gobierno, por lo tanto nunca tuvo un grupo de gente a la que poner en puestos claves. Razón principal por la que solo ha venido a hacer un cambio de gabinete ahora, un año después de ganar las elecciones, y ni siquiera es un cambio completo. Aun así, los dos nuevos ministros son personajes muy conocidos y, a su modo, pintorescos, aunque a ninguno le gustaría ese calificativo.

A la Concertación le hubiera gustado que se cambiara todo el gabinete. Les hubiera gustado que Piñera hiciera sus maletas también, pero, por una vez, el Presidente no intentó darles en el gusto.

Jame Ravinet renunció a su puesto en el Ministerio de Defensa, luego de un áspero intercambio telefónico con el Primer Mandatario quien interrumpió las labores de su ministro para darle su tirón de oreja. Me da un poco de pena. Con todas sus fallas, Ravinet representa lo mejor de la Democracia Cristiana, las ideas y conceptos ya olvidados por los “demos” modernos y era el único ejemplo de un puente entre los elementos más moderados y conservadores de la Concerta y el gobierno.
Jaime Ravinet


Reemplazarlo fue fácil. Piñera abrió la puerta del patio de La Moneda y entró corriendo el gato guacho que hace meses que esperaba su cartera. En barcaza cruzaban ayer El Calle –Calle Piñera y Andrés Allamand, como Washington cruzando el Delaware. A ver cuánto les duran esas caras llenas de risas. Espero que ya que recibió su bol de Whiskers, Allamand la corte con echarle cacún al presidente. ¿Se llevará mejor con nuestras Fuerzas Armadas que Ravinet?
Andrés Allamand


A diferencia de Allamand, a quien Tatán contactó personalmente para invitarlo a ser parte de su gobierno, fue Der Rebbe Hinzpeter quien se encargó de despedir por teléfono a los ministros salientes : Camila Merino de Trabajo, Felipe Morandé de Transportes, y Ricardo Rainieri de Energía . A este último ya se sabía que lo iban a mandar a la casa debido a su torpe actuación a raíz de las movilizaciones en Magallanes.

Su cargo no tendrá reemplazo. Piñera telefoneó a Laurence Golborne, actual Ministro de Minería ,y le dijo que ocupará ambas carteras. No es por dudar de mi Golborne Bello, pero me parece injusto pasarle el ministerio más conflictivo en este momento. Es una manera de quemar al político con mayor popularidad en Chile. Claro que si Laurence da la talla, su popularidad seguirá en alza. ¿Tanto como para una candidatura el 2014? El tiempo lo dirá.
Laurence Golborne


Dejé para el final a quien será la nueva ministra de Trabajo. Nada menos que Evelyn Matthei. ¿Qué decir de ella? Para la Izquierda es una momiaza, una representante de lo peor del liberalismo. Para los elementos más conservadores de su partido es un dolor de cabeza. Aprobó la ley del divorcio, está a favor del proyecto de Chadwick y del mismo Allamand de las uniones civiles de homosexuales. No se califica para nada de feminista, pero se atrevió a poner sobre el tapete la necesidad de legalizar el aborto terapéutico en casos en que peligre la vida de a madre y el feto no tenga ninguna posibilidad de sobrevivir. A lo mejor por eso Piñera se la lleva a La Moneda.

Me sucede con ella como con Anne Coulter. Le tengo un miedo feroz, pero no puedo evitar admirarla. Olvídense de Sarah Palin o de otras políticas de Derecha del mundo. La Evelyn, estupenda a sus casi sesenta años, todavía se pone minifalda, pero donde pisa no crece el pasto. Es muy dura para hablar, no tiene pelos en la lengua. Va a ser entretenido verla manejar un ministerio siempre bajo fuego, pero me temo que a los sindicatos los va a tratar a chicotazos.
Evelyn Matthei


La llegada de Evelyn Matthei al gobierno es una contradicción a las políticas piñeristas de no tener elementos UDI (aparte de Joaquín Lavín) en su corte. Para conseguir una Ministra de Trabajo, Piñera celebró su conciábulo con José Antonio Coloma, presidente de la UDI y el senador Andrés Chadwick. Al que no le gustó nada fue a Pablo Longueira que también quiere ser ministro. ¿Por qué no lo ponen en Transportes ahora que corrieron al pobre Felipe Morandé de ese Ministerio?

Porque soy chilena y porque quiero que vivamos en paz les deseo mucha suerte a los nuevos ministros, y mis mejores vibras para Golborne. Pero sinceramente… ¿Cambió algo o cambió para peor?

miércoles, 12 de enero de 2011

Los verdaderos culpables de la Masacre de Tucson: Y Sarah Palin no está entre ellos

Estoy de acuerdo en que jamás se le debe vender un arma a un perturbado drogadicto con antecedentes Es legítimo solicitar  mayores medidas de seguridad que resguarden a la figuras publicas. Pero el cuentito del mapita de Sarah Palin,  ya está poniéndose peligrosamente añejo en la boca de los progresistas gringos. Son ellos quienes deberían comenzar a hacer un “Mea Culpa” puesto que son sus políticas las que propiciaron esta tragedia.

Que Jane Fonda levante ese dedo huesudo de bruja para acusar a Sarah Palin, no me sorprende. Que en Abu Dabhi, Hilary Clinton compare a Jared Loughner con los terroristas  islámicos, me parece un desatino.  Es vergonzoso que una Secretaria de Estado insista en comparar a un producto de una sociedad irresponsable y libertaria, con ideólogos dominados por conceptos reaccionarios. Tan desatinado como decir que Jared Loughner, ávido lector de Marx y el Cabo Hitler, adorador de la Santa Muerte y  drogadicto, fue empujado a disparar sobre la Congresista Giffords por un mapa estratégico de Sarah Palin (un recurso que todo político demócrata y republicano utiliza).
El altar de Loughner

Jared Loughner tenía pelo antes de ponerse a dispararles a los peatones en la vía pública. Ahora está calvo. Jared Loughner le disparó a una política. Jared Loughner es un misántropo, amigo de las armas, que consume drogas y que cree que la clase política es su enemiga. Ohh ya sabemos quien es el culpable de la masacre. ¡Martin Scorsese! Porque todo eso ocurre en su film icónico “Taxi Driver” que ya un día tuvo su influencia en un tal John Hinkley Jr.  que tanto admiraba el filme que antes de balear a Ronald Reagan, le escribió a Jadié Foster, la protagonista, una carta de amor.

 Cuando Loughner presentó su carné de manejar para comprar el arma homicida no apareció ningún record criminal. Tampoco el vendedor sabía que a Loughner lo habían expulsado de la universidad por ser tan belicoso y siniestro que profesores y alumnos le tenían miedo. Lo de la ausencia de antecedentes es sospechoso puesto que el chico sí los tenía. Pero misteriosamente estos fueron borrados de los archivos de Pima County, donde  (¡vaya sorpresa!) trabaja su mamá. Ese es el mismo condado de donde viene el Sheriff toxico que comenzó a acusar al Tea Party y a la Derecha de incitar a jovenzuelos delincuentes a agredir a políticos del bando contrario.

Eso es en lo que respecta al prontuario policial, en cuanto a los antecedentes sicológicos, está prohibido por leyes progres hacerlos públicos. Por eso es que psicópatas, pedófilos y otros antisociales pueden pasearse libremente, molestar a los vecinos y comprar armas.

Si Loughner le hubiera lazado una bomba Molotov a la Congresista, o la hubiera emprendido a peñascazos contra la muchedumbre, o hubiese llegado en una camioneta,  atropellando a medio mundo, no se hablaría de control de armas de fuego ¿no?  No es el arma la peligrosa sino quien la maneja y que lo motiva.
Gaby Giffords, víctma de Loughner

Lo que dominaba el cerebro de Loughner en el momento del crimen no eran precisamente las máximas del Tea Party, sino la mejor”mota” que se puede conseguir en ese lado de la frontera. Ya sé que muchos se agarrarán la cabeza cuadro me oigan decir que no hay arma mas peligrosa que la droga. ¿Cuántos crímenes no se cometen hoy en Chile por adictos a la pasta base? ¿Cuántos accidentes de transito no ocurren debido a conductores, hasta choferes de micro, que manejan bajo el influjo de la droga  o el alcohol? Y así la progresía exige que se descriminalice el consumo, posesión y venta de estupefacientes. 

Los padres de Loughner están muertos de vergüenza y transidos de dolor. ¿Me van a decir que no se maginaban que con ese historial,  el angelito no iba a terminar mal? ¿Qué no sabían lo que leía, lo que ingería ni a quién adoraba en un altar en su propia casa?  Cuando yo tenía 22 años, mi mamá (con la excusa de limpiar) daba vuelta mi pieza buscando algún indicio de mal comportamiento. A mis protestas, me respondía simplemente “mientras vivan en mi casa, siguen mis reglas”. Pero ya sé que ese comportamiento y manera de pensar ofende a  nuestra sensibilidad moderna.

Los padres del asesino (y no voy a caer en el tecnicismo anglo de llamarlo “presunto”. Sí medio Tucson vio al gallo disparando, él es un asesino) hicieron solo una breve declaración expresando su dolor, sorpresa y condolencias a la familia de las victimas. Sus vecinos han sido más parlanchines. Uno de ellos le contaba a AP que había intentado consolar a los Loughner diciéndoles que no eran culpables, que ellos habían hecho lo posible por educar bien a su engendro. También pudo decirles que es difícil ejercer responsabilidad paternal en una sociedad progresista que  les resta autoridad a los padres y  hasta el gobierno quiere arrebatarles el derecho a educar a sus hijos.

Sin embargo, como todavía hay padres que, a pesar de esas limitaciones, insisten en criar hijos responsables y útiles a la sociedad me interesé en averiguar un poco sobre qué tipo de hogar había producido un Jared Loughner. Por empezar se sabe poco de ellos. Este vecino, Wayne Smith es el único en la cuadra en tener amistad con ellos. ¡Sin embargo, tras dos décadas de “amistad” no les sabía el apellido! Aparentemente, los Loughner ahora recluidos en su hogar, son gente aislada y poco sociable.
Casa de los Loughner (ABC News)

La madre, como ya mencione, trabaja para la municipalidad. El padre es quien se encarga de las labores domesticas y quien crió a Jared. Eso no me parece negativo. Conozco gente muy valiosa que ha sido criada por  un papá viudo, soltero o divorciado. Pero de acuerdo a otros vecinos, Randy Loughner no era un padre muy “normal”, por llamarlo de alguna manera. Los Loughner tienen reputación de ermitaños. A veces pueden pasar días sin que aparezcan fuera de casa. De pequeño, a Jared  no se le permitía jugar con los niños del vecindario, y lo mantenían encerrado. Se le veía observar los juegos infantes desde la ventana. Otro vecino describió al padre como hostil y beligerante, que la emprendía gritos e insultos contra los vecinos que lo contrariaban. ¡Qué bonita familia!

Aislado por sus propios padres, violento, drogadicto, satánico, Jared era un peligro obvio para él y para una sociedad que en su necesidad de  proteger conductas antisociales y limitar leyes y autoridades que protejan al ciudadano medio, le dejaron el camino abierto para que le quitara la vida a seis personas totalmente inocentes.


Sarah Palin dijo: «debemos rechazar la idea de que cada vez que se viola la ley, la sociedad es culpable y no el infractor». Por una vez estoy en desacuerdo, porque aunque fue el infractor quien violó la ley, fue una sociedad progresista y libertaria  la que lo empolló.


lunes, 10 de enero de 2011

Tiempos de cólera: El significado de la tragedia de Tucson


Continuaba escribiendo sobre los paralelos entre romanos y nosotros, justamente escribía sobre la población colérica e insatisfecha del Imperio,  cuando me entero de lo ocurrido en Tucson. Como es una muestra fehaciente de frustraciones que degenera en violencia, decidí tomarme un descanso de los romanos para examinar lo sucedido.

En la tarde del sábado pasado, enfrente de un supermercado de Tucson, Arizona, la Congresista Demócrata Gabrielle Gifford se dirigía a un grupo de sus votantes. Fue entonces que un individuo apareció con un rifle  y procedió a disparar sobre la multitud. Le metió una bala en la cabeza a la congresista, que por suerte sobrevivió al impacto, hirió a catorce personas y mato a cinco, entre ellos a una niña de nueve años.
Gabrielle Giffords


Es fácil encogerse de hombros y decir que esas son “cosas de gringos”. Tanto los filmes, como la televisión y las noticias nos muestran que en Usa estos tiroteos son pan de cada día que ocurren en escuelas, universidades, juzgados y al aire libre, que los estadounidenses todavía viven en el Far West y que todo lo arreglan a balazos. Que son una población de locos violentos. Puede ser, nosotros también tenemos locos y violentos en nuestra población. Nuestro índice de delitos sangrientos es altísimo, tal como el de crímenes pasionales y violencia intrafamiliar. Sin embargo, no tenemos franco tiradores que disparan sobre la población indefensa.

Antes de que nos demos una palmadita en el hombro por ser tan cívicos, recordemos que nuestra democracia nos da una ocasión perfecta para ventilar nuestra frustración: “La cultura de protesta”. Creo que he mencionado que la mayoría de las manifestaciones en USA (y ya han visto las imágenes del Honor Rally del Tea Party, y hasta del mitin de comediantes Colbert-Stewart) son tranquilas. Las nuestras muy por el contrario son un espectáculo de violencia urbana, donde en vez de dispararles a los peatones, se les tira piedras, se agarran con los pacos, y rompen la vía pública y los vidrios de  cuanto negocio pillan a su paso.

Basta recordar los highlights de la Revolución Pinguina que dejaron medio Santiago en el suelo. El angelito uruguayo ese que le aplastó la cabeza al carabinero con una roca, los estudiantes de la Santa María, tan lindos, que se creían Caupolicán y lanzaban arboles y rocas sobre los automovilistas de la Avenida España. ¿Alguien se acuerda de la María Música y el jarrito de agua?


Pero no solo ocurre aquí. En el ultimo año, hemos visto a estudiantes griegos luchar cuerpo a cuerpo con la  policía, a sindicatos y estudiantes galos tratando de tomarse los depósitos de gasolina para doblarle el brazo al gobierno y a los estudiantes ingleses agarrar a botellazos la limosina del Príncipe de Gales.

Vivimos en eras de miedo, inseguridad y frustración. Esta es la década más violenta que recuerde desde mi nacimiento. Y a pesar de las comparaciones, es más violenta que los 60’s. Creo que no se veía ese nivel de frustración y miedo desde los años 30’s.  Y Jared Loughner es un vivo ejemplo de nuestros tiempos de cólera. Es casi significativo que la pajarita Christina Taylor-Green a la que él asesinó sin piedad, hubiera nacido precisamente el 11 de septiembre del 2001. Tanto su nacimiento como su muerte quedaron encuadrados en la brutalidad de este siglo.
Christina Taylor-Green


Lo más irritante es que la gente no lo ve así, tanto medios como políticos lo manipulan para aprovecharse. Loughner, el atacante del sábado es un individuo perturbado. A sus 22 años ya fue expulsado de la universidad por mala conducta y rechazado por el ejército por uso de drogas. Agreguémosle que sus lecturas favoritas eran "Mein Kampf" y "Das Kapital" y ya tenemos un  antisocial medio loco.

Pero para la progresía norteamericana, Loughner es un engendro del Tea Party, un ejemplo de la juventud republicana, un inspirado por los discursos de Sarah Palin que algunos acusan de “tenérselas jurada” a Gabrielle Gifford.  La prensa liberal dijo que era un “veterano”. ¡El tipo nunca entró al ejército!

La misma Hillary Clinton ha calificado a Loughner como un “extremista”. Si Señora secretaria ¿pero de qué espectro? El asesino leía a Marx y  creía (tal como Rosie O’Donnell, Michael Moore y Charlie Sheen, bastiones de la farándula progre) que las Torres Gemelas fueron derribadas por ordenes de Bush. Además se dice que tenía un altar satánico con calaveras en su casa. Bastante alejado de los religiosos conservadores del Tea Party.

Esta terrible tragedia ha servido para que cada grupo afile su hacha. Están desde los que consideran que esto es un ejemplo de la necesidad de prohibir las armas, hasta quienes ven este atentado como una muestra de antisemitismo (Gifford es judía e irónicamente posee armas de fuego y cree en el derecho de los ciudadanos a portarlas).

No lo ven como un ejemplo de la hostilidad social, del miedo ante un mundo en crisis, o de lo peligrosas que son las nuevas generaciones cada vez más salvajes, egocéntricas, amorales y convencidas de su propia invencibilidad. Agreguémosles que si Loughner es un drogadicto es natural que cometa actos de enajenado mental. Agreguémosle que es un ejemplo de su generación. A sus 22 años no tiene metas, ni sueños, ni afectos. Nada mas peligroso y sobre todo en un polvorín como es el Suroeste en estos días.

El Sheriff de Pima County, donde ocurrió el atentado, acusó a la vitriólica retórica de los políticos de esa zona. Vale recordar que Arizona está demandando al Gobierno de Obama por los problemas de los ilegales. Sin embargo, el sheriff se refería específicamente, y sin pruebas, a la retórica incendiaria de la derecha olvidando que el lenguaje mas fuerte viene de los medios líbrales ahora empeñaos en crucificar a Sarah Palin. El economista Paul Krugman en el New York Times acusa al Tea Party y a Fox News de ser cómplices en este atentado.  ¿Quién esta usando una retórica de odio?

domingo, 9 de enero de 2011

La caída de Occidente (IV) La burocracia y la falsa globalización romanas

Una de las mantras del Tea Party es que el “Big Government”, o sea la burocracia, está destruyendo Estados Unidos. Yo no les creía mucho, pero a cada paso descubro, y en carne propia, que la burocracia es un invento diabólico que provoca nuestras desgracias. Por eso no me sorprende saber que los romanos tenían su burocracia corrupta  en constante desarrollo y que ésta fue una de las causas de la caída del imperio. Además los romanos, pobrecitos, también se creían una sociedad “globalizada” y por ende indestructible.

Si hay algo que perdura de la Antigua Roma son sus construcciones. Todavía la gente se admira de que sus puentes, acueductos y caminos sobrevivan al paso de los siglos. A medida que las águilas imperiales conquistaban nuevas tierras, surgió la necesidad de  construir caminos para llegar a ellas,  tal como puertos y rutas marítimas para acceder a colonias lejanas en el Norte de África y Britania. Para los romanos esas calzadas, puertos  y puentes eran sus órbitas comerciales, militares y comunicacionales,  las venas del imperio. Se sentían tan orgullosos y seguro de ellas que ya se creían, aun antes de acuñarse el término, “globalizados”. El mundo conocido lo tenían al alcance de su mano. Sin embargo, esa magnifica estructura para el siglo V estaría  en manos de sus enemigos o en desuso debido al mal mantenimiento.
Mapa de carreteras de la Antigua Roma


Hoy en Occidente, hay pocos países tan ricos como para dedicarse a construir a destajo. Nosotros en Chile les tenemos miedo a las obras públicas. Son siempre una demostración de corrupción en las altas esferas y las pagamos de nuestro bolsillo. Terminamos con puentes que se caen con una ventolera, caminos que terminan en una montaña y  edificios muy pirulos que, a los dos años de construcción, se vinieron abajo con su primer terremoto.

En USA durante el reinado de Bill Clinton se hizo un estudio que demostró que toda la infraestructura de los Estados Unidos estaba en mal estado. Hasta hoy sigue igual o peor. Les prestan mas oído a lo del calentamiento global que a la necesidad de reparar puentes y carreteras. Es por eso que un temblor grado 6, que a nosotros nos hace cosquillas, deja tales destrozos en California. Es por eso que Katrina mandó los diques de Nueva Orleans a la porra. Es por eso que cada invierno, las nevadas destruyen caminos, cierran carreteras y dejan a poblaciones aisladas.

Para evitar esos mismos problemas, los romanos gastaban sumas millonarias en la construcción y mantenimiento de esos 400,000 kilómetros (80,000 de los cuales estaban pavimentados)  de carreteras imperiales. Casi tanto como se gastaba en mantener un ejercito que cuidase de esos sendas infestados por bandidos y que siguiese conquistando provincias. Ni hablar de lo que se gastaba en mantener a toda una clase de funcionarios y magistrados que tanto vigilaban los intereses romanos en casa como en sus dominios.
Debido a que los romanos (tal como los demócratas progres de hoy) no conocían otra manera de generar fondos más que desangrar al pueblo, los impuestos se subían a cada rato. Para el siglo III se había instituido un sistema de expoliación oficial en que se iba a las granjas y se requisaba ganado o grano directamente para la alimentación del ejército.

La construcción de caminos estaba dividida en varios grupos. Las grandes calzadas caían bajo el rubro militar y eran construidas por orden de algún cónsul. Las vías vecinales o urbanas estaban en manos de las municipalidades locales. En las provincias eran los supervisores quienes estaban a cargo y hasta existía un puesto nuevo, los censores que, aparte de velar por la moral, se encargaban de las obras públicas. Todos estos señores no trabajaban solos. Necesitaban de un gabinete que, a su vez, tenía que tener su corte de porteros, secretarios, archivadores, amanuenses y los que les llevaban la vianda para el almuerzo. ¿Y quién paga?

Llegó un momento en que tener un puesto burocrático era más glamoroso y lucrativo que ser oficial del ejercito. Las clases terratenientes y los ricos comerciantes procuraban para sus hijos puestos en la administración pública lo que permitió que se expandiese el aparato burocrático, y que el ejército se llenase cada vez más con elementos foráneos. La burocracia siguió creciendo y alcanzando niveles de corrupción equivalentes a los de nuestra Era. La distancia entre el pueblo y el gobierno se convirtió en una brecha insoldable. Pareciera que habláramos de hoy. ¿No?
  
La explotación fiscal debilitó a la clase media romana. Muchos de los más adinerados se fueron a vivir a tierras de barbaros que no conocían los impuestos arbitrarios.  (Esto me recuerda un miedo en Usa de que más alzas de impuestos puedan provocar fugas de capitales). Los bárbaros escucharon interesados los cuentos de estos refugiados sobre la debilidad de una gran nación ahora sometida a burócratas y tributos desmedidos. Se enteraron de la existencia de  tierras abandonadas porque los impuestos hacían imposible cultivarlas; de terratenientes que ya no podan mantener esclavos para que trabajaran sus campos; y de granjeros que preferían convertirse en Coloni (labriegos asalariados) los que, a cambio de pan y  techo, se convertían en siervos de los terratenientes.


Fueron esas mismas calzadas romanas las que los bárbaros usaron para invadir el Imperio. Los romanos aterrorizados no solo se vieron invadidos por salvajes, además se encontraron con vías cortadas, aislados de sus provincias de cuyos bienes ellos se beneficiaban. Porque tal como USA hoy en día, Roma era una nación importadora y no exportadora. Nunca tuvo industria, sus minas estaban en las provincias. Con caminos cortados ya no había posibilidad de comercio, de correo, ni siquiera de mantener  destacamentos. Hubo un momento en que se tuvo que retirar las tropas de las Islas Británicas para venir a defender el Imperio continental. Aun peor, los vándalos en el Siglo V se apoderan del Norte de África y se hacen dueños del “Mare Nostrum” con sus barcos piratas que fastidiaban mas que los somalíes de hoy en día.
El imperio y sus productos


Sin caminos ni vías marítimas para comerciar o importar víveres, con un ejército que estaba más del lado del invasor que de la nación, y sin manera de alimentar ni de sacarle plata al pueblo, el Imperio fue fácil presa de los bárbaros. Su maravillosa burocracia (y eso me confirma que es un invento del Diablo) sobreviviría en Bizancio. Sus maravillosos caminos se irán desmoronando con los siglos quedando nada más algunas estructuras como demostración de la gloria que fue Roma.


Hoy no nos importan los caminos ni las fronteras. El cuento de la globalización nos tiene empachados. La creemos infalible porque se sostiene por  vías inalámbricas. Creemos que las comunicaciones son nuestra calzada romana, que nos une y sostiene. Pero no nos damos cuenta de que, tal como las vías romanas, pueden ser usadas por nuestros enemigos en nuestra contra, porque son frágiles y poco confiables. En el espacio sideral, una tormenta solar de gran magnitud o una lluvia de rayos gamma pueden dejar fuera de servicio a los satélites. En nuestro planeta, los hackers  con un par de virus infiltran  o dejan de combate servicios vitales. Un error humano puede destruir en un segundo nuestra falsa seguridad en nuestras vías virtuales. ¿Y entonces qué?

jueves, 6 de enero de 2011

La caída de Occidente (III parte): Durmiendo con el enemigo


Los profesores de historia suelen pasar muy rápido este periodo  de la decadencia de Romay simplemente dicen que los barbaros invadieron el imperio, saquearon sus grandes tesoros y diezmaron a sus legiones. Eso suena tan súbito e inevitable como la tragedia provocada por la caída de un asteroide. Obviamente, las cosas no sucedieron tan rápidamente. El auge de las culturas barbarás que provocarán el derrumbe final del Imperio fue un proceso largo, motivado por factores internos y externos, que suelen interesar solo a historiadores y a enamorados del estudio de la historia.

Para el siglo IV, El Imperio Romano cubría  casi toda Europa desde Caledonia (Escocia) hasta Turquía. Controlaba la cuenca del Mar Negro, tenía  sus puertos en el Atlántico Norte desde Portugal hasta los Paises Bajos, y,  por supuesto, dominaba todos los bordes del Mare Nostrum, el Mediterráneo, abarcando casi todo el Oriente Medio y el Norte de África.

Sin embargo, tal como ocurre hoy  con Europa y Estados Unidos, sus fronteras eran débiles. Los persas, ayer como hoy,  mantenían en jaque, al Occidente. Aun sin amenazas nucleares, el Imperio Persa sostuvo una guerra con Roma entre 337 y 364 en la que murió un emperador romano, Juliano, y que terminó en una paz bochornosa en la que el Imperio tuvo que ceder Armenia y otros reinos al vencedor.

En el Norte de África había varios pueblos (Moros, Bereberes, Libios y Numídicos) que soportaban de mala gana el yugo romano y estaban más que dispuestos a aliarse a cualquiera que quisiera fastidiarles el día sus conquistadores. Pero el principal peligro para la “pax romana” lo tenían en Europa e incluso dentro de su imperio: los pueblos que la historia ha llamado peyorativamente “bárbaros”.


Los bárbaros eran tribus germanas de todos los tipos: sajones, vándalos, godos, visigodos, etc. Desde la Republica, Roma había establecido la costumbre de aliarse con  tribus amistosas en un sistema conocido como foederati. Las tribus “federadas” no tenían los mismos derechos que un ciudadano romano, pero eran aliados y estaban obligados a servir en el ejército romano. A cambio, se les prometía tierras que a veces se les daba a veces no.

La gran diferencia sociocultural entre romanos y barbaros, era que estos últimos eran pueblos agricultores y, ya desde esa época, estaban aquejados de esa enfermedad germánica llamada lebensraum  que los hacía codiciar acres de tierra que los romanos, cuya civilización cada vez más urbana, desperdiciaba.

 Las migraciones bárbaras pueden calificarse de hordas de refugiados, expulsados por otros invasores de sus espacios originales, y  que buscaban espacios nuevos donde asentarse. Los godos empujaron a los vándalos que de Polonia llegan hasta España, los hunos empujan a los godos y así sucesivamente. Estas emigraciones forzadas cambian la fisonomía racial y social del imperio que cada vez es menos romano. En el reinado de Constantino, el Imperio Romano albergaba 70 mil millones de almas, de las cuales solo  seis millones eran realmente romanas o de origen latino.

Roma era una ciudad multiétnica, al igual que el resto del imperio donde la fusión de sangres latinas y germánicas se daba hasta en las altas esferas. El Emperador  Teodosio casa a su hijo Arcadio  con la franca Eudoxia  y a su otro hijo Honorio con María, hija del General Estilicón, un vándalo. Inclusive, había historias de amor como la de la sin par Galla Placidia con su primer marido, el visigodo Ataulfo.
Galla Placidia


Los bárbaros aprenden de los romanos no solo su cultura sino también a reconocer sus debilidades,  lo que les ayudará en sus guerras. Es más o menos lo que ocurre hoy que se descubre que muchos terroristas han sido entrenados por la CIA o han estudiado en USA. Como se ve el contacto con el enemigo no dulcifica la actitud del “bárbaro”. Rafael Correa será graduado de la Universidad de Illinois, pero no le tiene ninguna simpatía al “imperio”.

Sin embargo, los romanos  no reparaban en ese peligro. El ejercito imperial, ya para el siglo IV, estaba cada vez mas en manos de generales bárbaros cuyas lealtades no estaban precisamente con una corte débil y corrupta.  Odoacro, que finalmente derriba el Imperio, era un general romano.  Mal pagados, hartos de la corrupción y distancia de un imperio dividido entre dos emperadores y dos cortes, una en Roma (luego en Ravena) y otra en Constantinopla, atraídos por un territorio fértil y desatendido, los  militares bárbaros eran unas bombas de tiempo que los Emperadores no notaban ni vigilaban. Más encima, como ocurre con muchos colectivos foráneos en Occidente del presente, los barbaros tenía una tasa de natalidad altísima en comparación con la de los romanos.

No se puede tener un ejército con lealtades divididas, sin un sentido de deber cívico hacia la patria a la que sirven. Así ocurren filtraciones caóticas como las que han alimentado a Wikileaks o tragedias evitables como la ocurrida en Fort Hood. Aun así   los bárbaros no terminaron totalmente con el Imperio. Este continúo gobernando desde Bizancio.  Tampoco acabaron con la cultura  romana o buscaron imponer sus costumbres, idioma  o leyes. 

A diferencia del invasor árabe del siglo VIII, Los bárbaro del siglo V, adoptaron idioma, religión, leyes y costumbres del imperio conquistado. Tal como hoy la mayoría de los emigrantes adoptan la cultura occidental.  Sin embargo, los barbaros acaban con la influencia romana en Europa y transforman irremediablemente una civilización y una cultura.


Por empezar, cambiaron las reglas bélicas. Trajeron herraduras y bridas (aporte huno que a su vez aprendieron de los chinos) por lo que la caballería reemplaza a la infantería. Las togas y faldas militares que incomodan para montar son reemplazadas por los pantalones que visten los hunos. Al cultivo del trigo, los  bárbaros agregan el de la cebada y la avena. Se destierra el sano aceite de oliva de la cocina para reemplázalo por mantequilla. O sea son los barbaros los culpables de implantar las grasas trans en Europa.

Aun más grave es que  de una sociedad roma urbana, comercial y con una solida clase media, el imperio  se vuelve  una colectividad agrícola, rustica, desperdigada y aislada. Tiene lugar un decaimiento de ciudades y comercio. Los habitantes del imperio se enfrentan al hambre y aun estado de peligrosa vulnerabilidad, Por los próximos siglos, reinarán la incultura y salvajismo que culminarán en el feudalismo medieval.