miércoles, 5 de enero de 2011

La caida de Occidente (II parte): ¿Fue tan dañino el cristianismo?


Hace casi doscientos años, Edward Gibbon escribió en su monumental "La Caída del Imperio Romano" que el cristianismo había sido un factor fundamental para el costalazo imperial. Según su teoría, el pacifismo y misticismo de los cristianos habría debilitado el espíritu guerrero romano. Hoy, hay un par de ignorantes  que abrazan esta teoría creyendo que el desenfreno pagano ofrecía mayor tolerancia y libertad que el cristianismo. ¿Pero fue realmente tan dañina la nueva fe para la civilización romana?

La teoría de Gibbon era que la prédica cristiana incitaba a la gente a ser resignada, pusilánime y paciente, o sea nada propensa a andar matando bárbaros, conquistando nuevas regiones ni siquiera a defenderse con mucho vigor.  La progresía atea que es ardientemente pacifista prefiere concordar con otros aspectos del anti-cristianismo que Gibbon expresa como el que la persecución  de los cristianos por parte de emperadores paganos fue nimia y que el número de mártires ha sido vastamente exagerado en comparación a las víctimas de persecuciones de la Iglesia Católica.


El problema aquí es que tanto el progresista semi ilustrado y Gibbon  tienen en mente imágenes de iglesias poderosas e intolerantes propias del Medievo y la Contra Reforma. La iglesia primitiva a la que va a ingresar el Emperador Constantino, y a imponer dentro de las fronteras imperiales, es muy diferente. Por empezar, su jerarquía era más rudimentaria en comparación a la jerarquía eclesiástica moderna.

Esta iglesia no estaba apegada a templos. Las ordenes monásticas y los conventos todavía no existían. Era una iglesia que recién emergía de las catacumbas sin dogma, sin ley canónica, sin culto a santos y sin  hiperdulía.  La adoración a la Virgen no se implantaría hasta el Concilio de Éfeso en el siglo V. Era una iglesia que aceptaba la magia y el esoterismo y donde los sacerdotes todavía se casaban y lo seguirían haciendo hasta el siglo XII.

Su división era simplísima. “Ecclesia” se llamaba a la comunidad cristiana individual. Sus guías espirituales eran los más viejos a quienes se denominaba “presbíteros”. No se les elegía, entraban ahí por merito de edad. Si la comunidad se expandía se nombraba un “episcopo” u “obispo”.

Sobre ellos reinaba no el Papa, sino cinco Patriarcas, uno en Alejandría, uno en Jerusalén, uno en Antioquia, uno en Constantinopla, y uno en Roma. Estos patriarcas eran quienes decidían los asuntos de fe en  concilios o sínodos, y aparentemente gozaban los cinco  de la misma autoridad. Es durante el ocaso del Imperio que surgen desacuerdos entre ellos que llevan a un  cisma de las iglesias orientales con la de Roma, quedando ésta última como cabeza del Catolicismo.

Aun más importante es que la iglesia, hasta la caída del Imperio, todavía no está clara sobre si debe entrometerse o no en los asuntos del estado. Muchas autoridades eclesiásticas creían que no debían hacerlo. Cuando el Papa León  va a parlamentar con Atila, el Huno, no lo hace como gobernante sino como pastor que suplica por el bienestar de su rebaño. Y cuando San Ambrosio amenaza al Emperador Teodosio  con excomulgarlo, lo hace como ministro de D-s que reprueba la matanza de Tesalónica. Pero Ambrosio no está  haciendo un juicio político ni es una demostración de poder,  sino que emite una amonestación moral a la conducta impulsiva del segoviano y a su carácter de mil demonios, típico de un Capricornio.
Teodosio y San Ambrosio


Por otro lado, la teoría de Gibbon de una debilitación del espíritu belicoso  de  los romanos paganos debido a una fe que predicaba la paz, el repudio de los placeres terrenales y el celibato, es absurda y contradictoria con su misma tesis de que los mártires eran una minoría. Si tan pocos se lanzaban a las fauces de los leones, o vivían como anacoretas, entonces no se puede hablar del Cristianismo como una fuerza modificadora masiva. A juzgar por autores paganos y cristianos, las costumbres sexuales de Roma seguían siendo tan relajadas como antes de Constantino.

Por último, vale recordar que aunque el cristianismo se convierte en religión del Imperio, el paganismo siguió practicándose paralelamente. Por algo Hipatia podía ser agnóstica casi un siglo después de a muerte de Constantino. No todos los emperadores eran automáticamente cristianos. Irónicamente, Constantino fue bautizado en su lecho de muerte, ¡y por un obispo hereje! Teodosio ya era emperador cuando se zambulló en la pila de bautismo. Inclusive un sobrino nieto  de Constantino, el famoso Juliano el Apostata, reabrió los templos paganos y restauró el culto a los dioses. Fue solo el Edicto de Tesalónica (380) el que terminó con el paganismo.
Juliano el Apostata

A la par de un paganismo posts cristiano seguían cultivándose ritos raros como el  Gnosticismo y el culto a Mitra,  y se desarrollaron  muchas corrientes filosóficas como el neoplatonismo  que influiría en San Agustín y otros Padres de la Iglesia. Además, y esta era la mayor preocupación de la primera Iglesia, existían trescientas herejías semi-cristianas representadas cada una por algún grupúsculo con agendas oscuras que no tenían mucho que ver ni con el espíritu ni con la vida eterna.

Las sectas heréticas son uno de los aspectos más curiosos de esa iglesia primitiva. Yo los veo como un equivalente a las tribus urbanas de hoy en día o a movimientos filosóficos como los Verdes o el Tea Party.  Una de las herejías más poderosas de esos siglos era el Arrianismo, pero tanto emperador como jefes de tribus  bárbaras se adherían a esa teoría de que Jesús tenía poderes semi-divinos, pero no era dios. Las Coliridianas inventaron la hiperdulía puesto que adoraban a la Virgen como si fuera una diosa. En cambio, los Nestorianos rechazaron la hiperdulía una vez que fue impuesta oficialmente por la iglesia.

Otros herejes eran más políticos. Los Monofisitas querían liberar a Siria del dominio de Constantinopla y los Donatistas querían independizar al África del Norte de Roma. Con sus intrigas y escaramuzas políticas consiguieron debilitar zonas del imperio y dejarlas abiertas a la invasión árabe en los siglos siguientes.
Por último, es cierto que con tanto hereje, tanto bárbaro y tantas iglesias raras, aquí y allá salían clérigos fanáticos como Cirilo de Alejandría que, tras expulsar a los judíos de la ciudad, la emprendió contra los paganos, azuzando a la multitud en contra de Hpatia. A propósito, el filme de Amenábar se toma varias licencias históricas. Hipatia era una viejita cuando la turba la despedaza, muy lejos de la estupenda Rachel Weisz.

La misma quema de la biblioteca de Alejandría es un tema espinoso. Parte de su colección fue destruida por Julio Cesar, luego Diocleciano y Aureliano quemaron otra parte. Teodosio el Grande hizo una gran hoguera de libros en el 391, pero gran parte del edificio había perecido en el terremoto de 361. Lo que sobró fue quemado por los árabes en el siglo VI por lo que no se puede asociar su destrucción con el asesinato de Hipatia ocurrido a comienzos del Siglo V.

La muerte de Hipatia (que leía en algún foro a algún demente equiparar con la muerte de Cristo) es un hecho lamentable, pero común en una época de gente insatisfecha y díscola. Aparte de Hipatia, en los veinte años que preceden a su muerte, las turbas alejandrinas se escabecharon a dos obispos cristianos. En cuanto a la supuesta tolerancia de los Gentiles, basta saber que los persas cometieron en esos siglos varias matanzas de cristianos en sus tierras, en Armenia y en Mesopotamia, la actual Irak donde todavía hoy matan cristianos. No hemos cambiado mucho.

15 comentarios:

Luis H Arroyo dijo...

Muy buen artículo. Muy informativo.

SSergioA dijo...

En una oración, diría que el Imperio Romano cayó porque en la época no existía el conocimiento, la tecnología y las comunicaciones para mantener la integridad de un sistema de ese tamaño y complejidad.
La transición al Cristianismo contribuyó a la inestabilidad del sistema pero no puede considerarse la causa de su caída.


Alguna vez leí una entrevista al historiador Bernard Lewis, donde afirmaba que hacia el fin de este siglo, la mayoría de la población europea será musulmana.
Esa mayoría impondría la Sharia y pondría fin a la cultura occidental en ese continente.
¿Quién podría afirmar lo contrario?
El envejecimiento y disminución de la población laica y el crecimiento de la población musulmana son hechos observables y no se aprecia ninguna tendencia que se oponga a lo evidente.
Lo esperable es una gran migración hacia América, Vaticano incluido.
¿Habrá después una guerra de civilizaciones?
Demasiado pronto para una respuesta.

Violante Cabral dijo...

Bienvenido Sergio,
Mmm yo creo que aun sin tecnología, el Imperio logró mantenerse por más de cinco siglos. Otros imperios más modernos como el británico, el soviético y el Tercer Reich que tenía mucho mayor adelanto tecnológico duraron menos.
Estoy de acuerdo en que el Cristianismo modificó muchísimo la sociedad occidental, pero todavía no lo veo jugando un rol tan crucial en el Ocaso Imperial.
Bernard Lewis y muchos otros. Es evidente que el colectivo musulmán esta haciendo a un lado a un Occidente caduco y carente de valores. Como el Imperio Romano ni tiene ganas de defenderse.
Me temo que mis perspectivas sobre el futuro son más oscuras. Antes del fin de siglo, Europa será musulmana no solo por su población sino por posibles invasiones. En cuanto a asentamientos pacíficos ya los estoy vislumbrando en América del Sur. Por lo que si llega a haber un reducto Occidental aferrado a valores judeocristianos este cubriría Usa desde el Rio Grande para arriba, Canadá y muy posiblemente Alaska. La Ultima frontera como la llama la más ilustre de sus hijas.
¿Por qué siempre en estas predicciones futuras solo ven América del Norte, Asia y Europa? ¿Dónde quedan Australia y Nueva Zelanda?

Luis H Arroyo dijo...

Australia y NZ, tragadas por un sutnami? Australia y NZ no son nada sin el resto (de occidente). Y mira que me caen bien.
No tengo capacidad predictiva alguna; ni siquiera sé si influyen hechos objetivos (caída poblacional, decadencia económica, tecnología) o es todo dependiente de las creencias. Además, los sistemas y modelos sociales son espontáneos, derivadas de factores inidentificables.
Podrá EEUU defender esos islotes del acoso islamista/chino/lo que sea? EEUU, volverá a brillar con un Reagan? Reagan abrió la puerta a la libertad, y de eso estamos ahora retrocediendo. Una vez que el sistema se aleja del núcleo que lo originó, quién sabe. EEUU se ha alejado, pero no es la primera vez, ni la segunda, y ha demostrado capacidad de renacimiento.
China, hasta dónde llegará? Hasta hace poco creía que era un bluf, pero ahora se acerca a la renta de EEUU. ¿A quién se asociará?
Poco a poco, nos va comprando.
En los 80, Japón compró a EEUU (capital privado) y luego se fueron. No dejaron nada, salvo productividad. Pero China es otra historia.
Se ven sesgos, inclinaciones, pero no tendencias. Salvo la entrega decadente, obscenamente, de Europa.

Ciro Cárdenas dijo...

Siempre advierto que no soy historiador, y vuelvo a hacerlo para que mis opiniones no sean tomadas como algo más que eso.

Don Alamiro de Ávila Martel, nuestro profesor de Derecho Romano en los 60, nos hizo memorizar la "historia externa" de Roma y darle mil vueltas a las razones de sus decadencia imperial.

Pero, por mucho que haya decaído ese imperio, toda persona con formación jurídica sabe muy bien que aún hoy perviven nociones y visiones romanas que forman parte del fundamento de Occidente.

Entre esos fundamentos romanos NO está la religión cristiana, que corresponde a un desarrollo posterior que alcanzó su madurez luego del período Franco y del Sacro Imperio Romano Germánico.

Occidente tomó forma de civilización, según mis profesores, durante buena parte de la llamada Edad Media, cuando a los restos greco romanos del imperio el cristianismo sumó las bases del pensamiento y la visión occidental del mundo y de la humanidad.

El resultado fue, por supuesto, otro muy superior en magnitud, profundidad y trascendencia que el Imperio Romano.

La civilización cristiana occidental ha sido desde su aparición la única que ha logrado extensión a nivel planetario, traspasando principios y nociones que aún quienes la desprecian o combaten hacen suyos, sin siquiera darse cuenta.

El grandísimo error de renegar de nuestra naturaleza cristiana para reeemplazarla por un batido cientifista/hedonista, supone una ceguera demencial y una insensatez descomunal porque marcan el inicio de la decadencia europea.

Para un visitante de las Américas es impresionante asistir a lugares donde autos y perros de lujo reemplazan a los niños. Antiguas y nobles ciudades que más parecen museos... o cementerios. Urbes de gran movimiento y con niños... hijos de inmigrantes del Asia o África.

Lo grande de Occidente, lo que le da el carácter históricamente distintivo es lo que tiene de cristiano. La idea de la dignidad de todo ser humano, de su opción para redimirse y reconocerse capaz para enfrentarlo todo, es la que abandonada como trasto viejo nos despoja de lo mejor que tenemos.

Recomiendo la lectura de los ensayos de Aleksandr Solzhenitsyn, verdadero profeta de la libertad que refregó estas cuestiones a los norteamericanos que, consternados, esperaban escuchar alabanzas y agradecimientos que no se merecían.

Él también habla de la vida sencilla y natural que, sin renegar de las conquistas tecnológicas, pone las cosas en su justo lugar.

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Violante Cabral dijo...

Hay una diferencia ideologica tremenda entre Japón y la China. Mi temor es que China se alie a todos los enemigos de USA? ¿Pero le conviene? El acoso islámico hoy parece tener una sola meta. Pero detro de el hay diferentes objetivos. No todos son fanáticos religiosos y hay muchas corrientes que se inclinan más a la izquierda que hacia Alah.

Violante Cabral dijo...

Querido Ciro,
Todo lo que dices es cierto, pero como nunca veo el cristianismo, y los valores judeo-cristianos a punto de perecer.
Volviendo a Roma, la razón por la cual su legado cultural perdura es porque tanto bárbaros como cristianos lo adoptaron y conservaron.

SSergioA dijo...

¿Está la civilización judeo-cristiana a punto de perecer?
En Europa, sí. A manos del Islam y con la complicidad del laicismo, el enemigo interno del cristianismo.
Pero junto con terminar la civilización occidental en Europa, también el laicismo desaparecerá.
Es decir, el cristianismo perderá territorio pero ganará en fortaleza moral.

El escenario de dos civilizaciones distintas en dos continentes distintos favorecerá las condiciones para una gran guerra.
Dada esta situación, Australia, NZ y similares serán propiedad del más poderoso o belicoso.
Es cierto que es una incógnita la posición que tomará China, aunque es posible que no tome ninguna y adopte la religión dominante.

Violante Cabral dijo...

Bueno, esa es la gran ironia, el laicismo está cavando su propia tumba.

Tu hipotesis es muy interesante, ¿pero hablamos de un futuro lejano o algo que puede ocurrir en los próximos 50 años? ¿Y América Latina?

SSergioA dijo...

Debería ocurrir en este siglo.

América Latina será el segundón de siempre. Primero recibiría buena parte de los europeos que huirían de la Sharia y después sería aliado de EEUU como en las guerras pasadas. Si la sede de la Iglesia no se instala en USA, podría hacerlo en México o Brasil.

Violante Cabral dijo...

Iba a decirte que por primera vez veo a América Latina alineándose con los países contrarios a USA, me refiero a toda la orbita chavista y que los devotos de la Sharia también están ejerciendo su influencia por acá. Pero recordé que durante la Segunda Guerra Mundial toda América Latina (hasta Brasil que fue el primero en declararle la guerra al Eje) era germanófila.
México, creo que con Polonia son los últimos bastiones del catoliscismo. Hasta los narcos son católicos.

SSergioA dijo...

América Latina sabe que su suerte está amarrada a la de EEUU. El día que la cosa se ponga color oscuro, los norteamericanos ordenarán su patio trasero con bastante facilidad. Gente como Chávez, si existieran aún, serían extirpados como lo fue Noriega en su momento.

Ciro Cárdenas dijo...

Querida Violante, la "derrota" del cristianismo es más aparente que real.

Es cierto que, sobre todo en Europa, hay mucha gente que descalifica la fe como cosa mitológica o que que considera la fe cristiana como un atavismo, algo de los viejos.

Pero eso es pura y simple ignorancia. Déjame darte un ejemplo.

Richard Dawkins, un microbiólogo inglés ha escrito "The God Delusion" para convencer a la gente de que abandone la fe y la reemplace por el ateísmo, suponiendo que la ausencia de Dios abre camino a la curiosidad científica o la adscripción a los descubrimientos científicos como verdades a las que vale la pena dar crédito.

Es probable que no sea ésta exactamente la descripción más acabada de su tesis, que para cualquiera que pispe algo del tema aparece como una completa chifladura.

Sin embargo el sujeto ha vendido más de un millón de copias de su libro, lo cual prueba que hay gente que lo encuentra interesante y útil.

Pero al final de cuentas Dawkins no pasa de ser un sumo sacerdote de otra creencia (el evolucionismo y la fe en que la investigación científica terminará probando el origen casual del universo y la vida) que hasta sus propios colegas ateos rechazan.

Por si no lo conocen, aquí pongo el enlace a la primera parte de una entrevista que le hizo el talentoso Stephen Sackur en el programa Hard Talk.

En otros campos de la cultura parece imponerse la misma noción ateísta como si ella fuera señal de progreso: la ciencia política, la economía y hasta las manifestaciones artísticas.

Pero entre muchos de los adalides de estas posturas están presentes, sin que ellos mismos lo noten, las categorías de pensamiento cuya incubación tomó cientos de nuestros mejores años y que todavía sigue desarrollándose.

El único problema es que en estos tiempos en que la palabra vuela por todos lados a velocidades jamás soñadas, hay demasiados que se sienten tentados de dar el campanazo de haber dado con algo novedoso que lo cambiará todo.

Pero no es primera vez que esto ocurre ni tampoco será la última que inspire a alguien, aburrido de tanta estupidez, escribir: Nihil Novi Sub Sole

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Violante Cabral dijo...

Precisamente porque no hay nada nuevo bajo el sol es que hago estas comparaciones históricas, pero también porque tras crisis parecidas vienen periodos de tremendo atraso.
Además tu mismo señalas un cambio que nos hace diferentes, los medios globalizados que llevan ideas perniciosas a todas partes.

Ciro Cárdenas dijo...

El tema me parece muy bueno y muy atingente, querida amiga.

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