sábado, 30 de octubre de 2010

Obama en campaña: o lo que no debe hacer un presidente


El consenso de las encuestas sobre las elecciones estadounidenses del próximo martes es que pierden los demócratas. Como un defecto político es el vivir pendientes de las encuestas, como si fueran la Sibila de Delfos, la campaña demócrata se ha vuelto  agresiva hasta el punto de la chabacanería, y el pobre Obama anda echando el kilo “canvassing” por sus candidatos. Digo “pobre” porque es el único que no se da cuenta que su presencia afecta negativamente a los demócratas.

Se preguntarán por qué nos debe preocupar una elección menor en Gringolandia, pues porque todo lo que pasa arriba repercute abajo y nosotros estamos aquí pegados a la Antártica. Además esta campaña ha sido un muestrario  de cómo se manejan las políticas yanquis en momentos de crisis. Y nada mas en crisis que la popularidad del Presidente que repta por los suelos.

Conscientes de esos, muchos  candidatos demócratas buscan desembarcarse del Yate Obama alejándose de sus ideologías. En West Virginia, el Gobernador Joe Manchin, un Demócrata moderado  que se opone al matrimonio gay y al aborto, se ha negado a apoyar la candidatura de Harry Ried, el líder de la mayoría demócrata,  e incluso anunció que no apoyaría a Obama en una reelección. De poco le sirve porque las encuestan ya dan como ganador en su estado al Republicano John Raese.

Manchin no es el único candidato que no quiere que lo asocien con la corte Obamaniana. Más encima, Obama, famoso por su prepotencia y falta de tino, solo hace campaña por candidatos selectos, a los otros que se los coman las vinchucas En Rhode Island, el candidato Demócrata Frank Caprio descubrió que la visita de Obama a su isla-estado no incluía ayudarlo en su campaña. Ya en RI, Obama anuncio que no se iba a meter en lo asuntos electorales del estado porque el candidato opositor de Caprio, Lincoln Chafee, es amigo personal del presidente. ¡Pero qué petulancia! ¿Por qué no se quedo callado y en su casa?  Caprio,  indignado, y con justa razón, le mandó a decir al engreído híbrido que se metiera su apoyo por donde le cupiera mejor.

Aparte de dejar mal a su partido, Obama ha usado esta campaña como pretexto para su autobombo, echando mano de cuanto programa televisivo o radial soporte su presencia. Cuando no va él, manda a su señora que lo represente.  Se ha convertido en un espectáculo común el encontrárselo en todos los canales, hasta en los latinos donde ha ido a recuperar el voto hispano.

En un programa radial esa semana azuzó a su audiencia latina  a “castigar a sus enemigos”. Esta frase digna de  talibán ha incomodado incluso a lo demócratas. Feo decir que todos los republicanos son el enemigo común de los latinos. ¿Entonces cómo explica que entre los candidatos republicanos se encuentren Susana Martínez, Brian Sandoval, Raúl labrador, Abel Maldonado y Marco Rubio, que ya se perfila como ganador en la Florida?

Es condescendiente señalarle a ningún grupo étnico quienes son sus enemigos. Ese tipo de comentarios están bien en un líder revolucionario, pero no en un presidente que busca unir a su pueblo. Obama que tanto prometió que su gobierno sería para todos, ahora insiste en dividir. Aparte que se le podría considerar culpable de estereotipar puesto que ya en el imaginario gringo, desde los días de Pancho Villa, que los latinoamericanos están caracterizados como salvajes primitivos que todo lo arreglan a machetazo.

El último gafe del hawaiano fue presentarse en The Daily Show. Este programa de  de corte satírico, es  dirigido por John Stewart, uno delos miembros del triunvirato (los otros son Bill Maher y Stephen Colbert) de comediantes convertidos en opinólogos políticos. De los tres, Stewart es el más pasable, porque a pesar de militar en el ala izquierda del Partido Demócrata, es sagaz y no le tiene miedo ala verdad.


En el programa, Obama fue un triste espectáculo, ya parecía un fantasma de lo que fue., Además de verse muy demacrado, estuvo  apagado, torpe de palabra  y carente de argumentos. Stewart lo acribilló a preguntas que Obama respondía con evasivas y con frases vagas sobre los muchos logros de su gobierno que el pueblo todavía ignoraba. Su anfitrión exasperado le preguntó si acaso pensaba dar una fiesta sorpresa donde anunciaría todos esos misteriosos logros.

A pesar de todas sus estrategias, a Obama le ha ido en feria y solo medios muy partisanos aplauden su participación en esta campaña. Ha llegado a tal punto que el ungido se vio obligado a pedirle a Bill Clinton que hiciera campaña en su lugar puesto que el ex presidente tiene mayor popularidad que el actual.  No es chiste, Obama ganó  contando con el apoyo de tres grupos étnicos que poco a poco se han ido descolgando de su caravana.

Hoy en día, Bill Clinton es más popular que el patrón de su señora, entre judíos, latinos y... ¡Entre los votantes negros! Si hasta su propia gente es consciente de que Obama solo vela por sus intereses.


Curiosamente, y a pesar de todos los escándalos, Clinton tiene un prestigio incólume, precisamente porque no divide. Ahora mismo veo un reclame de una campaña para ayudar a reconstruir Haití que Bill ha co-fundado con George Bush, nada menos. Eso es algo que Obama es incapaz de hacer, porque no sabe curar heridas, ni amigar a las personas, ni darles seguridad, ni sabe tender puentes. Solo lo hace con el Islam,  sin darse cuenta que lo que hace es bajar el puente levadizo para que los moros invadan su castillo.

2 comentarios:

Luis H Arroyo dijo...

Obama, afortunadamente, la ha c---do.
Parece que está ya bastante amortizadito no?

Violante Cabral dijo...

Digamos que no es un gran apoyo para su partido y que no creo que lo reelijan (igual a Jimmy Carter) pero como es muy soberbio sigue necio en que el lo ha hecho divino y que el pueblo no lo entiende