jueves, 16 de septiembre de 2010

El dificil arte de perdonar


El Año Nuevo judío difiere en muchas cosas del concepto occidental de esta festividad. Principalmente porque los días que siguen al comienzo de año (Rosh Hashannah) hasta el momentum culminante de Yom Kippur son dedicados a reflexiones retrospectivas sobre nuestro comportamiento y a un autoexamen cuyo fin es alcanzar un arrepentimiento total, proceso que se conoce como Teshuvah.

Si en Yom Kippur le pedimos perdón al Creador por todos nuestras faltas, en los días que le preceden les pedimos perdón a nuestros semejantes, porque el Señor nos ha dicho que El puede redimir pecados en contra suya, pero sólo a los que hemos ofendido podrán perdonarnos. Más que el ayuno, más que el esfuerzo por alcanzar una verdadera Teshuvah, nada es más incómodo que el acto de pedir perdón.

“Perdón” es una palabra difícil de decir, va en contra de nuestra dignidad reconocer que nos equivocamos. El único perdón sincero es el que brota de la desesperación. Pedimos perdón cuando sin éste perdemos algo amado o estamos en un peligro que únicamente una disculpa evita. A veces nos es más fácil perdonar que ser perdonados. Somos una especie frágil que con frecuencia herimos y somos heridos. El reino animal es más sencillo. Los animales no piden perdón, pero tampoco alimentan rencores inútiles

¿Cual es el antónimo de perdón? Lo busco en el tesauro y no encuentro uno que me satisfaga. Tal vez “Inclemencia” o mejor “venganza”. Prefiero uno que no sale, “odio”. Dicen que el odio es el peor de los sentimientos, que nos hace mas daño a nosotros que a quienes odiamos. Pero he llegado a pensar que no se conoce realmente el valor del amor o del perdón sin conocer el odio.

Como la mayoría de la gente hasta, hace poco, más odiaba entidades y conductas antes que individuos. Todos en algún momento hemos odiado a alguien por cinco minutos o cinco días. A nuestros padres cuando nos prohibían satisfacer nuestros caprichos, a la que nos robó la pareja, al que no correspondió a nuestro amor o amistad. Pero para ser sanos de mente no dejamos que el rencor nos consuma. El día a día se lo lleva.


Hoy, eso ya no es posible. Vivimos en sociedades polarizadas, donde quien no piensa como nosotros, o no cree en lo que nosotros, se vuelve objeto de nuestro odio. Nosotros mismos somos blanco de quienes nos odian por nuestras creencias, nacionalidades o medidas. No creo que Sarkozy ni su gobierno odien a los musulmanes por prohibir que sus mujeres se amortajen en velos en público, pero sí los musulmanes odiarán a quienes les imponen leyes que les parecen blasfemas.

Este año intenté perdonar a quienes no me han pedido perdón, pero me hacen la vida difícil hasta el punto que los detesto. Ante mi desolación me encuentro incapaz de perdonar a un mundo musulmán cada vez más incoherente pero poderoso. Me dicen que no puedo juzgarlos porque son una gran masa sumida en la ignorancia y la miseria y si eximo a los alemanes de culpas colectivas, debo hacer lo propio con el Islam. Tal vez, no soy Cristo, no puedo perdonar “a quienes no saben lo que hacen”. Y mucho menos puedo perdonar a los grandes titiriteros que movilizan a esa masa.


No puedo perdonar a Obama (y otros como él) que por soberbia y ambición les otorgan municiones a los enemigos del Bien. No pido el exterminio de estas huestes nefastas, sólo quiero que se les quite la potestad de provocar daños mayores. Tal vez entonces pueda perdonarlos:

Y ahora paso a un incomodo terreno personal. Hay alguien en mi vida diaria a quien le he tomado tanto fastidio que a veces creo odiarla. Este año quise perdonarla, y para eso decidí que antes de Yom Kippur sería yo quien le pidiese perdón. Pero esta semana se ha portado de una manera tan intolerable que creo que inconscientemente su negatividad me hizo victima de un ataque síquico, suceso del que había leído, pero jamás había experimentado tan vívidamente.

Desde el lunes  que estoy agotada, como si hubiera escalado el Everest. Sin interés en nada, ni política, ni el bienestar de mi gente ni el mío propio. No me nacía escribir, no me nacía comunicar mis ideas, no me nacía ni expresarles cariño a quienes amo. Me temo que quienes han sido corresponsales míos desde el lunes notaran que escribo mas corto, que mi tono es más mecánico, que tengo menos que decir.

Hoy, que gracias a la Misericordia Divina, me he recobrado un poquito llegué a la conclusión de que D-s no desea que perdone a una persona que en su proceso de autodestrucción casi ha logrado destruir mi espíritu. D-s no quiere que me humille ante ella. Es un pensamiento muy chocante y muy discorde al espíritu de la Teshuvah. Pero como siempre, yo estoy a disposición de mi D-s que es El único capaz de juzgarme con imparcialidad.

Antes de cerrar, pido disculpas por mis constantes auto referencias y por compartir mí intimidad con ustedes. Pido disculpas a quienes esta semana no he sabido escuchar o prestar la atención que ameritan. Por sobre todo, pido disculpas, no por mis opiniones puesto que no obligo a nadie a compartirlas ni siquiera a leerme. En cambio, me disculpo por cualquier confusión o contradicción de mis textos que pueda enajenar a los que comparten mis ideas. También les pido disculpas si esas ideas no son siempre las suyas. Los humanos somos creados a semejanza de D-s, pero no somos clones entre si, discrepamos aun cuando militemos en el mismo bando. Creer eso es la medida de mi tolerancia.

8 comentarios:

Ruy dijo...

Leido: Señor ¿Cuántas veces he de perdonar las ofensas que me haga mi
hermano? ¿Hasta siete veces? Dícele
Jesús" no te digo hasta siete veces
sino hasta setenta veces siete".

No es fácil alcanzarlo.. Por intentarlo que no quede. Son situaciones de " Parar, templar, mandar " como dicen del arte de los toreros . Las respuestas en estado de acaloramiento, no nos "traducen" ..

Shalom

Luis H Arroyo dijo...

Creo que una cosa es odiar, y otra muy distinta no olvidar quién te puede destruir.
Odiar a veces no se puede evitar, va contra natura hacerlo. Pero cana mucho, agota, nos resta fuerza creadora.
Pero no debemos olvidar a esos que nos han hecho daño y lo harán de nuevo, porque no lo sabrán evitar.
Desgraciadamente el odio es más frecuente que el amor, aunque deseemos éste mucho más. Debe ser que la cuota de amor es escasa, y nuestra ración hay que merecerla. no debemos ofrecernos inermes ante quién nos detesta.

Violante Cabral dijo...

Completamente de acuerdo, por eso es que temo que el pedir perdon pueda debilitar a quien lo pide más que fortalecerlo.

enestadodeguerra dijo...

Yo fui educado en la fe católica. Por ello, no dispongo de un día específico para perdonar. Se me pide que perdone siempre y en todo momento.

Ahora bien... yo llevo muchos años sin hablar con Di-s (lo pongo así para no herir sensibilidades) y podría decir que no lo hago porque tenemos diferencias irreconciliables. A mi me piden que le otorgue mi respeto, y yo replico que en mis años de vida no se lo ha ganado, así que deje de vaguear y se ponga a ello, que tarea tiene.

Por ello, soy de la opinión que efectivamente, pedir perdón es debilitante, porque pone a la otra persona en un plano de superioridad ante ti. Y eso no es lógico. La gente va a hacerte daño, si puede. Incluso aunque no te odien: solo para ver que pasa. Así que, siguiendo las órdenes de mis instintos animales, que han sido refinados por siglos de evolución, que jamás me han fallado y que nunca me han dejado tirado, seguiré siendo fiel al instinto de conservación y no daré armas a mi enemigo.

Y para terminar: me auto excluyo de las supuestas personas a las que pides perdón, porque yo no he sido afectado jamás por ti. Muy al contrario, yo no tengo ni debo perdonarte, sino, simplemente, darte algo:

Gracias.

Violante Cabral dijo...

Vamos por partes

A los judíos también se nos pide que perdonemos ofensas, en el sentido que no nos sentemos en la casa a planear como matar a quienes nos ofenden, pero efectivamente no se nos pide que pongamos la otra mejilla.

Yom Kippur no es un día para perdonar , es un día para qué la colectividad en pleno pida perdón a D-s . Y para llegar a El más liviano de pecados se nos pide que antes hagamos las paces con nuestro prójimo, precisamente porque es una tarea difícil.

No creo que pedir perdón, si efectivamente nos sentimos culpables, nos debilite. Pero encuentro que si nos estan pateando en el suelo injustamente, gritar “¡Perdón! ¡Perdón!” solo le da poder a nuestro contrincante. Por otro lado decir “te perdono” a quien nos tiene bajo su bota, si nos empodérese (¿se dice así? Esas palabrejas nuevas me confunden).

Ayer, una persona muy querida me hizo ver que debo perdonar porque quien me ha hecho un daño es mas pobre que yo. Eso es cierto, ella misma me ha dicho en varias ocasiones que yo poseo cosas (virtudes, talentos, gente que me quiere) que desearía. Siendo que este año poseo tres “riquezas” más que el pasado, la perdono de todo corazón (pero no se lo voy a decir).

Mmm, yo si sentí que esta semana a ti y a tu señora no les presté la atención que merecían, precisamente porque ustedes me dan mucho. En cuanto a tu feliz profesión de ateísmo, la tomaré como una rebeldía a lo James Dean. El hombre más bueno que he conocido era ateo y comunista, o eso decía él, pero yo veía constantemente como servía a D-s y al prójimo. A veces Nuestro Señor no necesita profesión de fe para hacernos servirlo. Y mejor la corto porque ya parezco esos evangélicos que van de puerta en puerta.

lallavedelbaul dijo...

Yo no creo que el pedir perdón debilite, pero tampoco creo en pedir perdón a todo el mundo. Si vienes a mi casa, te ríes de mi, me pisas, me machacas e intentas destrozarme y a consecuencia de eso se me escapa un "ahí te reviente el bazo" no pediré perdón, te lo aseguro.
Aquí tenemos un dicho "errar es humano, perdonar divino". Podemos intentarlo pero no es fácil perdonar a quien vez tras vez intenta causarte daño. Tampoco creo que el de arriba nos pida tanto realmente.

En cuanto a lo de los ataques psíquicos , no sé si llamarlo así realmente pero es cierto que hay gente que da mal rollo. Y eso se traspasa. Aparte de algunas personas a las que se denominan vampiros psíquicos (ya sé que suena a coña, por el nombrecito) pero realmente lo que hacen es debilitar animicamente a las personas que tienen alrededor. (pues creo que voy peor explicándome porque esto casi suena a los dementores de Harry Potter) pero te aseguro que hablo en serio.

Aquí en España hablamos de mal de ojo. Sería más o menos lo mismo que tu dices. Alguien te desea mal y consigue que eso te llegue incluso de manera inconsciente.

Yo soy de las que creen que todo tiene una explicación aunque en ese momento no la encuentre, pero si creo que se puede transmitir mucha negatividad aunque no sea algo realmente palpable.

Y mejor lo dejo ya, que me está quedando un comentario de lo más raro.

Violante Cabral dijo...

No te ha quedado nada de raro. Es hora que las esótericas nos atrevamos a salir del closet. Por supuesto que hay vampiros psiquicos. A menudo son personas muy magnéticas, encantadoras de las que uno no puede sustraerse. Muy peligrosos.
En cuanto al mal de ojo o "jettatura" como lo llaman los sicilianos también existe y muchas veces el portador ni siquiera se da cuenta del mal que causa

Blanch dijo...

En mi opinión no se debe perdonar a todos los que nos han hecho daño.

Para empezar, perdonar implica que el agraviante esté arrepentido de lo que hizo y pida el perdón. Es ahí cuando decidimos si otorgamos ese perdón o no.

Incluso quizá podríamos perdonar a una persona que nos ha hecho daño de forma inconsciente. No se da cuenta del daño que nos hizo y por lo tanto no da ninguna muestra de arrepentimiento. Si en general esta persona no nos desea ningún daño, entonces lo correcto de nuestra parte es perdonar.

Pero perdonar a alguien que voluntariamente y con conciencia de causa nos hace daño, no es posible. Y no es posible sencillamente porque perdonar en este caso sólo lleva a perpetuar el daño y aceptar que eso está bien.

A las personas que nos hacen daño y no se arrepienten no hace falta perdonarlas, simplemente hay que cortarlas de nuestra vida.