miércoles, 8 de septiembre de 2010

Fe, sincronicidad y milagros históricos

Las polémicas declaraciones del Profesor Stephen Hawking sobre la existencia de un Creador, me han hecho meditar sobre los caprichos de la fe y la incongruencia de los milagros que insisten en demostrar la existencia de fuerzas superiores a las de la lógica científica y la razón humana.

Hablase de milagros cuando la ciencia carece de una explicación ante un hecho singular. Aun así, milagro se ha vuelto una palabra “multiuso” en nuestro mundo cotidiano. Constantemente, oímos de curas milagrosas y de milagros económicos. Pero en todos esos casos, el fenómeno es desacralizado y apartado de una fe religiosa.

Existe otro tipo de milagro. Uno que se vincula a la palabra “sincronicidad” que de alguna manera combina el prodigio con lo sobrenatural. Sincronicidad fue un término que el psiquiatra Carl Gustav Jung creó para explicar lo que se llama vulgarmente “casualidad”. Dos sucesos independientes ocurren simultáneamente provocando un cambio mayúsculo e inesperado.

Jung, que no creía en casualidades, llegó a la conclusión de que la sincronicidad no era accidental sino que era provocada por fuerzas externas. Más o menos lo que creía Aristóteles que nuestro mundo era gobernado desde arriba por fuerzas celestiales. Sin ser ateo, Jung no concluyó que D-s se metiese en nuestros asuntos, pero si aceptó la presencia de un poder invisible.

Para los creyentes la sincronicidad es la mano del Creador que se mueve por designios ajenos a los nuestros, pero que a veces nos salva, nos protege y nos maravilla con sus milagros. Hace un mes, que 30 mineros sobreviven atrapados en una mina en el Norte de Chile. De acuerdo a toda ley de probabilidad debían haber muerto. Aun más siniestro, si las labores de rescate hubiesen permanecido en manos de la compañía minera, esa, siguiendo esas estadísticas malditas que muchos creen a pie juntillas, se hubiese dado por vencida días antes de descubrir que los mineros seguían por vida, lo que ya es bastante milagroso.

Pero este milagro envuelve otros factores. Mientras bajo tierra, D-s mantenía vivos a los 33 hombres, arriba se cocinaban otras sincronicidades. El gobierno no tenía vela en este entierro. No debía involucrarse en el rescate, incluso se desaconsejó al Presidente hacerlo. Pero, como ya sabemos los chilenos, Sebastián Piñera es un metiche, un porfiado, pero también es católico practicante y un hombre de fe. L a misma fe que tenían los mineros bajo tierra. Así lo atestigua la carta personal que uno de ellos mandó a su mujer junto con el mensaje de que estaban los 33 sanos y salvos.


El Presidente se hizo cargo del proceso de rescate, trajo maquinas del extranjero y tanto él como el Ministro de Energía, Laurence Golborne, le echaron ganas al asunto haciéndolo durar todo lo necesario hasta saber que los mineros seguían con vida. Dos procesos simultáneos vinculados por una misma fuerza y objetivo. Para mi, que ese milagro fue una combinación de fe que alertó al gran Maese Pedro, ese de los muchos nombres, que mueve los hilos de nuestra existencia.

Estoy leyendo un libro muy interesante de Bryan Mark Riggs titulado “Rescued from the Reich: How one of Hitler´s Soldiers Saved the Lubavitcher Rebbe” (Rescatado del Reich: Como uno de los soldados de Hitler salvo al Lubavitcher Rebbe”. El libro cuenta por primera vez, como Joseph Schneerson, líder del grupo ultra ortodoxo jasídico Lubavitch, fue rescatado de la Polonia invadida por los Nazis. Lo más milagroso de ese cuento es que el Lubavitcher Rebbe no fue rescatado por grupos resistentes, sino por oficiales alemanes que cumplían órdenes de altos dignatarios del Nazismo. Este es otro cuento de sincronicidades milagrosas.


Afines de1939, cuando los judíos polacos estaban siendo ya exterminados, un grupo de oficiales Nazis saca de Varsovia y lleva Berlín al Rabino Joseph Schneerson, a miembros de su familia y allegados de su comunidad. De ahí sigue un viaje a Letonia y a un barco que los lleva a Nueva York. Todo este viaje es auspiciado por el Almirante Wilhelm Canaris jefe de la Abwher, el servicio de inteligencia Nazi. Canaris recibe órdenes de Helmuth Wolthat, un ayudante de Goering y devoto Nazi, que cree que este rescate puede ser buena publicidad para la Alemania de Hitler. Una idea contradictoria, pero más contradictorio es que Wolthat esté siendo convencido por miembros de la administración Roosevelt, Eso, en un momento cuando los estadounidenses no son precisamente filosemitas y cada vez es más difícil la emigración de los judíos europeos a Estados Unidos.

¿Entonces qué explicación lógica hay para tanto portento? En esa época, los Lubavitcher no eran los jasídicos mas conocidos en la comunidad judía mundial, aun la ortodoxa. Había otros rabinos y comunidades más importantes. No se puede hablar entonces de presión de Lobbies judíos sobre Washington. Todo el cuento es extremadamente paradójico e inaudito. No más que el hecho de que los soldados que rescatan al Rebbe son todos mischlinge de primera clase, o sea mestizos, mitad arios, mitad judíos. Su líder, el Mayor Robert Bloch, un oficial muy condecorado, había sido “arianizado” por el mismísimo Fuhrer.

Tal como lo describe Riggs, la odisea fue my compleja, puesto que aunque con permiso de los Nazis, debía ser clandestina y esto era dificultado por el mismo Rabino que insistía en seguir llevando su vida y hábitos religiosos como si no hubiera ninguna guerra. Bloch lo describe como “un hombre divorciado la realidad”. Irónicamente, Bloch no percibe que tanto él, un judío con uniforme Nazi, como su misión, rescatar a miembros de una raza ya condenada al exterminio, tampoco pertenecen mucho a la realidad.

No creo que ningún científico pueda explicar como se dieron todos esos sucesos tan extravagantemente extraordinarios. Pero para el Lubavitcher Rebbe y sus familiares y seguidores la explicación es simple. D-s lo quiso así y así se hizo. Como siempre, el capricho divino regula el milagro y desafía la lógica.


Pero muchas veces la fe ni siquiera tiene que nacer de una ideología religiosa, puede incluso brotar espontáneamente en un momento insospechado. Franz Werfel fue un famoso poeta y dramaturgo checo. Sin ser un hombre religioso (estaba casado con la multidivorciada y escandalosa Alma Mahler) siempre se sintió judío, aun cuando esa condición lo forzó a abandonar Viena y exilarse en Francia. Para1941, Werfel y Alma vivían en la Francia de Vichy siempre en zozobra de ser entregados a los Nazis por el gobierno de Pétain que estaba devolviendo a los judíos extranjeros al Reich.

Desesperados, los Werfel intentaron llegar a España y fue así que se encontraron en Lourdes. Franz halló consuelo espiritual entre los habitantes de ese pueblo, visitó el Santuario y le prometió ala Virgen que si lograba evadir a los Nazis, le escribiría una obra sobre el milagro de Lourdes.

Poco después los Werfel contactaron a Varian Fry, un americano que venía precisamente en una misión de rescate de intelectuales judíos. Los Werfel emigraron a América y ahí Franz escribió “La canción de Bernardette”, cumpliendo así su promesa a la Virgen. La novela fue todo un bestsellers. Fue llevada al cine en 1943, y ganó varios Oscares. Los Werfel pudieron vivir holgadamente hasta la muerte de Franz en 1945. Aunque el Cardenal de Los Ángeles insistió en darle sepultura cristiana, Werfel nunca se convirtió al catolicismo. Muchas veces el milagro no exige una práctica religiosa constante.

4 comentarios:

Ruy dijo...

Debe haber milagros "complicados" y milagros "sencillitos ", no menos asombrosos, que ocurren a diario, de los que unas veces somos protagonistas y otros testigos.
......tantas veces que se nos hace reparo llamarlos por su verdadero nombre.

Violante Cabral dijo...

Y tanto que nos esmeramos en encontrarles explicaciones lógicas o adjudicarlos a casualidades que no existen.

Vicente Olazaran dijo...

Fascinante. Aparentemente hay cosas que la ley de probabilidades no alcanza a explicar.

Violante Cabral dijo...

La ley de probabilidades no puede ni explicar los tropiezos con la msma piedra, el deporte favorito de los humanos